Una buena carcajada hace vibrar el alma. Las lágrimas que afloran son fuente de energía renovada, se llora por la alegría de sentir ese éxtasis casi orgásmico donde las barreras de lo real se desdibujan. La vista se nubla, los oídos solo son capaces de captar la voz que alarga el momento. La cara se desfigura en una mueca que da paso a esa personalidad que muchas veces escondemos. Las orejas se tornan rojas como tomates calientes, y la baba y los mocos se hacen presentes mientras más fluida es la risotada.
¿Cuántas veces en la vida reímos a carcajada limpia? Con mi hermana, cuando éramos chiquitas, infinidad de veces lo hicimos. Mi mamá se desesperaba de escucharnos reír tan alto y por tanto tiempo.
Luego, reí mucho con mis amigas de primaria, secundaria y prepa. El espacio de la carcajada se fue reduciendo, pero en la universidad ¡caray, sí reí! Reí con Bea, con mi Frat, con Pau y con Adi. Reí con mi hermana, siempre con mi hermana. Reí en el salón de clases y en las horas libres. Creo que las amigas que se han vuelto entrañables en mi vida han sido con las que he tocado la locura al reír, se crea cierta complicidad, casi como un juramento de lealtad.
Llegaron las preocupaciones de la vida adulta. Aun así, en ciertos momentos, he reído a carcajadas. Recuerdo cuando nació mi hijo menor, estaba en labor de parto y, al pujar, se me salieron unos gases del esfuerzo. Yo moría de risa y de la pena. Mi marido, entre carcajada y carcajada, remató diciendo que al doctor hasta se le había movido el gorro quirúrgico. Claro que éste se quebró de la risa por más que trató de simular profesionalismo. David, en general, me hace reír mucho. Podemos estar pasando por tragedias o momentos críticos, pero aun así surge un instante donde me hace reír; nos reímos de nosotros mismos.
En León logré hacer un grupo de amigas entrañable. Lo que lo hace especial es que los esposos también se unieron a esta amistad, los catorce nos llevamos muy bien. Puedo decir que la receta para que llevemos quince años juntos es la carcajada franca que soltamos cuando nos reunimos. Es un grupo donde todos podemos ser nosotros mismos, conectamos desde lo que nos hace humanos. Cantamos, nos echamos carrilla, pero también nos queremos y nos respetamos. Amo este grupo por lo libre que me siento de poder ser yo.
Empecé a practicar pádel con mi esposo. Ninguno de los dos habíamos tomado una raqueta en nuestras vidas, así que el proyecto como pareja está muy interesante y lo estamos disfrutando mucho. Pero claro que salir de la zona de confort al intentar cosas nuevas da pie a momentos de mucha risa. El primer partido lo jugamos con nuestros hijos que, cabe mencionar, saben más que nosotros. Para mí fue un total éxito porque hacía mucho que no reíamos a carcajada suelta los cuatro, o por lo menos yo me reí tanto de mí misma, de mi esposo, de las circunstancias y de las caras de mis hijos viéndonos intentarlo que quedé extasiada.
Aunque quiero de manera muy especial a mis amigas de este blog debo confesar que tuvo que pasar algo en particular para que se volvieran más mías. Hace un par de meses nos juntamos a hacer una actividad literaria, fue el turno de Adry de dirigirla. Nos puso a escribir una carta, pero las cinco teníamos que completarlas, es decir, que cada carta estaba formada por un párrafo de la autoría de cada una. Cuando fue mi turno de escribir sobre un secreto jamás confesado, ficcioné una frase que nadie esperaba. Las carcajadas que se desataron después de leerla en voz alta fueron épicas, puedo decir que llevaba meses de no reír con tanta intensidad y soltura. Por primera vez en cuatro años conocí a mis amigas escritoras desde sus ruidos guturales y nasales, me cautivé con el brillo desatado de su personalidad. Conocer la carcajada de Adry fue una delicia, ella, siempre tan mesurada, hasta ese momento supe que era capaz de ser tan estridente y hacer resonar su magnífica esencia. A todas, por unos minutos, las vi florecer con intensidad de la cabeza a los pies, nuestras miradas se hablaban y nuestras risas se entrelazaron al infinito. Desde ese día, las cuatro se fundieron en mí.
Sumo todos estos momentos, y tantos más que no escribo en este relato, y me doy cuenta de que necesito el humor y la risa en mi vida más de lo que pensaba. La necesito para procesar este mundo, para decir lo indecible, para transmutar el sufrimiento y dejar que, de vez en cuando, mi alma se desate, se sacuda el polvo e irradie su magnitud a través de una buena carcajada.

18 comentarios
Añade el tuyo →Como he recuperado la sonrisa. Amiga que me haces reir a carcajadas. Que importante dejar salir la alegria.
Gracias amiga!! mi socia con la que río tanto!!!
Gracias por plasmar en letras las carcajadas de ese día , jamás las olvidaré.
Gracias a ti amiga!! por tantas cosas compartidas!!
Ayy amiga hasta se me antojó reír a carcajadas gracias por poder hacerlo contigo!!
Ay amiga!! a mi también!! gracias a ti por tantas tantas carcajadas limpias y alegres!!
Algo que admiro mucho de ti, entre otras cosas, son tus carcajadas….súper contagiosas!!!
Que linda Gely!! también me encanta reír contigo!!
Mi niña hermosa me encanta la forma en que disfrutas la vida , eres un ejemplo
Te amo y estoy muy orgullosa de ti
Gracias por enseñarme a vivir mamita! te amo!
Me sacaste la risa, me hiciste recordar tanto! Te amo! Me encanta como escribes a y logras transmitir perfectamente lo que está en tu mente.
gracias por reír conmigo Herma!! te amo!
Ojalá pudiéramos todos los días tener un espacio para reír hasta llorar
Qué buen relato!!
Gracias Claudia! Todas y todos merecemos buscar un espacio así.
Gracias por esas súper carcajadas, me vuelvo a reir! Como bien dices, es como un pacto de amistad super fregonsísimo!!!
así es amiga! gracias!
Que bonito
Gracias !! 🙂