Brujas cansadas, brujas libres.

Para todas las brujas que desafían la gravedad

Hace poco más de diez años me encontraba sentada con mi familia en una butaca del recién inaugurado Teatro Telcel de la Ciudad de México, a punto de ver Wicked. En ese entonces sabía poco de la trama. Conocía bien la historia del Mago de Oz: la Ciudad Esmeralda, el camino amarillo, Dorothy y Totó, el león cobarde, el hombre de hojalata sin corazón, el espantapájaros sin cerebro y, por supuesto, la villana de la historia: la malvada Bruja del Oeste. Tan mala que, además de ser cruel, era verde. La sinopsis prometía contarme su versión, el porqué de su maldad.

No imaginaba que esos recuerdos infantiles que me motivaron a comprar los boletos me llevarían a descubrir una de las historias que más disfruto hasta hoy.

Elphaba —la futura Bruja Malvada del Oeste— era distinta por su color, tanto que su propio padre la rechazaba. Esa diferencia se agudizó cuando decidió convertirse en defensora de los animales del reino. Su admiración por el Mago la llevó a presentarle su causa, pero su decepción fue enorme al descubrir que aquel ser tan venerado era un fraude. En ese momento, Elphaba eligió defender sus convicciones por encima de cualquier sueño roto. Tomó su escoba y voló cantando Defying Gravity.

Diez años después de escucharla por primera vez, esta mañana mientras me arreglaba para ir a trabajar y volvió a sonar, rompí en llanto.

Hoy es más común cuestionar reglas, convenciones, estereotipos y roles de género. Elphaba, al cantar Defying Gravity, nos regala un himno para quienes, cansadas de cumplir el papel impuesto, decidimos ir contra corriente y desafiar lo convencional.

Glinda le sugiere pedir disculpas al Mago por su osadía. Pero ¿por qué deberíamos disculparnos por ser diferentes?, ¿por pedir justicia?, ¿por cuestionar lo establecido?, ¿por rechazar aquello que nos daña?

Se dice que “es de sabios cambiar de opinión”. Y Elphie cambia: ya no quiere estar con el Mago. Poco le importa haber trabajado tanto para lograrlo; ya no acepta jugar bajo reglas ajenas. Su plan de vida es otro, y es válido. Porque las personas podemos evolucionar, reinventarnos, elegir distinto. Ese derecho es nuestro.

En Fruto, Daniela Rea menciona que las mujeres cuidamos: a padres, hermanos, hijos, parejas, amistades. No hace falta ser madre para cargar con esa responsabilidad. Pero cuidar también cansa. Yo estoy cansada. Cansada de la eterna pregunta: ¿qué vamos a comer?, de las idas al súper, de llenar la alacena, de pensar en decoraciones navideñas, de poner buena cara, de guardar emociones “negativas” por mantener una paz ficticia. Sobre todo, cansada de pedir ayuda en responsabilidades que no son solo mías. El hogar es de la familia, los hijos de la pareja, los padres de todos los hijos, la amistad de la comunidad.

El equilibrio familiar, la mayoría de las veces, recae en las mujeres. No voy a romantizar los cuidados: son abrumadores, desgastantes, ingratos. Su carácter implícito nos encadena a dobles y triples jornadas, incluso cuando trabajamos fuera de casa. “¿Quieres trabajar? Perfecto, pero deja comida hecha antes de irte y recoge la casa cuando regreses”.

En Los sueños de la niña de la montaña, Eufrosina Cruz narra su resistencia a los usos y costumbres, a servir a sus hermanos, a ser de las primeras en levantarse y de las últimas en acostarse, a tortear sin cuestionar. Ese espíritu de rebeldía me recuerda a Elphaba: a esa bruja verde que un día decidió volar y no mirar atrás.

Porque desafiar la gravedad no siempre significa volar, a veces significa soltar. Soltar culpas, culpas heredadas, culpas impuestas. Significa atreverse a decir “no quiero”, “no puedo” o “ya no más”.

Hoy entiendo por qué lloré al escuchar esa canción: porque todas llevamos dentro a una Elphaba dispuesta a romper cadenas. Y porque cada vez que una mujer se atreve a hacerlo, nos enseña a las demás que también podemos.

7 comentarios

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Lo maravilloso de Elphaba, Eufrosina, Daniela y Macrina es que se abrieron a una nueva conciencia y eso aunque implica retos es el inicio de algo mayor.
(Estoy segura que varias mujeres después de leerte despertarán también).

Me puso la piel chinita leerte amiga! Sabes que comparto tu sentir y gracias por ponerlo en palabras tan claras y sentidas.
Yo también lloré con Defying gravity. Requiere de mucho valor y esfuerzo el soltar porque también trae soledad. Las que estamos en este proceso la entendemos con mucha empatía.

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