De niñas, Eme y De tenían un sueño recurrente, soñaban con La Bruja. Curioso que compartieran sueños pero para ellas era normal. Siempre trataba más o menos de lo mismo: una bruja tipo la de Blanca Nieves, viejita, sin dientes, con manos artríticas y unas largas uñas las correteaba. Como sucede en las pesadillas, no podían correr rápido y mucho menos gritar. La garganta se les cerraba y ni un hilo de aire podían sacar. Cuando La Bruja las alcanzaba las agarraba por la cintura, atrayéndolas a ella y enterrando sus uñas en el abdomen. Ese momento era el más doloroso, era una sensación paralizante, un calambre punzante y eléctrico que se clavaba en sus vientres. Un dolor tan raro que se extendía por el pecho, brazos y piernas.
Eme y De eran como dos gotas de agua física y emocionalmente, aunque en personalidad fueran muy distintas, los sentimientos que las recorrían era similares. Ambas sensibles al sentir del otro, apasionadas por vivir, con actitud positiva antes los problemas diarios, pero sobretodo, muy perceptivas. Con tan solo una mirada cada gemela sabía lo que la otra estaba sintiendo y pensando.
Había semanas que La Bruja no las visitaba en sus sueños, cada una podía disfrutar libre su inconsciente. Los sueños favoritos de De eran cuando volaba, de hecho ella hasta los diez años creyó poder volar de verdad. Tenía una técnica infalible: dar tres pasitos brincados con un pie adelante y otro atrás. Siempre creyó que era real hasta que una vez contó en voz alta su gran habilidad. Después de ese día dejó de soñarlo con tanta frecuencia, como si la magia hubiera desaparecido por haberlo compartido en el mundo de “los despiertos”. Eme también soñaba que volaba pero más como saltos con impulso muy altos, con caída suave, aterrizar entre nubes era su parte favorita. A decir verdad, soñaban prácticamente lo mismo pero en diferentes noches.
Cuando La Bruja se manifestaba temporada largas a ambas les cambiaba el brillo en la mirada; les costaba salir del miedo y del dolor físico que les provocaba. Eran los momentos en que De más se aferraba a sus otros sueños, pero sobretodo al de volar. De hecho, se rehusaba a renunciar a la idea de que podía hacerlo, así que unos días después de haber contado su secreto lo intentó, a solas. Dio tres pasitos brincados y se aventuró al cielo que se le ofrecía frente al balcón del departamento donde vivían. Sintió su ligereza por un segundo porque después la tediosa realidad acentuó su peso gravitatorio sobre su cuerpo y cayó al suelo.
Eme, al ver que no regresaba al área de juegos corrió a buscarla para encontrarse con el dolor de sus pesadillas: De, ensangrentada ¿Muerta? ¿Desmayada? Mientras corría por su mamá un pensamiento la latigueó como ráfaga, se vio a ella como hija única, sin compartir facciones. Nunca lo había deseado pero en ese instante, con esas imágenes viviendo en su mente, las garras de la bruja se hicieron presentes. Junto al terror apareció algo peor, un alivio fugaz: Si De no estaba ya no la confundirían con nadie.
La ambulancia se llevó a De al hospital, para tranquilidad de todos sólo se desmayó por la contusión. No sufrió más daños que una descalabrada que requirió cinco puntadas, ayudó que el departamento estuviera en el segundo piso. Pasó una noche hospitalizada para estar en observación.
Eme se sentía culpable por ese pensamiento horrible que tuvo. No quería vivir sin su hermana, al verla dormir reconocía sus propias líneas faciales y agradecía que su cara no fuera única. No le importaba que constantemente pensaran que ella no era ella o que les diera igual quién era quién porque les decían «GEMELA». Realmente, nunca le había importado hasta ese día que sintió el desgarro de necesitarla, que sintió que la bruja cruzaba la línea de los sueños. Ahora, prefería perderse o desdibujarse con tal de que su hermana estuviera bien. Es mas, agradecía el fuego abrazador que sentía en la frente, confiaba que el dolor compartido haría que ella sanara más rápido. Se quedó dormida agarrada de la mano de De.
Ya en casa, De intuía que algo no estaba bien con su gemela, la sentía pensativa y lejana. Tres noches después de su salida del hospital, La Bruja regresó en sus sueños más tortuosa que nunca. Entonces Eme, con borbotones de palabras, le confesó que jamás había pensado como sería su vida sola, pero que al verla casi muerta imaginó que solamente ella existía, que al instante se arrepintió, que, de verdad, su miedo más grande era perderla, pero que mientras corría por ayuda, sintió la presencia de La Bruja y que el sueño de anoche la agobio aún más; sentía como si ella quisiera obligarla a desaparecer o a existir sola.
De la abrazó con tal fuerza que Eme logró sacar todos los sollozos que tenía contenidos. De aprovechó para confesarle que, algunas veces, había sentido lo mismo, que por eso deseaba tanto volar, para tener algo increíble que la identificara. Que al caer también había percibido la presencia de La Bruja, la vio saborearse su dolor, su miedo a morir. Pero que, al estar inconsciente, pudo sentir la maravillosa fuerza de ambas, ninguna devoraba la individualidad de la otra.
Después de ese día la intensidad del sueño cada vez fue menor.
Ahora de adultas La Bruja se esfumó, sólo queda el vestigio sensorial de sus garras sobre su abdomen.

10 comentarios
Añade el tuyo →Me encanto. No se si haya sido un sueño o realidad. Que hermosa manera de contener y aceptar la presencia de tu gemela. Aceptación. De lo bueno y lo malo.
Así siempre desaparecen las brujas
Gracias María!! Toda ficción tiene un toque de realidad jeje!! Te quiero
Mi niña hermosa, cada vez que te leo me impactas
Te felicito escribes hermoso y expresas lo que sientes muy bien
Gracias por siempre apoyarme mamita. Te amo
Qué hermoso Texto!! Y más lindo cuando los escribes para tu alma Gemela .!
Gracias amiga. Gracias por leerme.
Que texto tan bien logrado lleno de sueños , fantasía, realidad pero sobre esa magia que solo los gemelos pueden sentir y vivir .
Wow gracias Macri. Me alegra que te haya gustado.
Me encantó. Muchas felicidades
¡Gracias Meli!