Creí que no te extrañaba tanto.
Creí que podría seguir sin ti.
Pero no.
Debo admitir que me siento profundamente sola. Extraño sentirte a mi lado.
Extraño hablarte de todo lo imaginable, como lo hacía antes. Extraño darte las gracias por tus regalos constantes: los pequeños y cotidianos, los inesperados, los que llegaban sin buscarlos y me hacían sentir profundamente querida.
Ya no tengo con quién conversar al despertar, incluso antes de abrir los ojos. No tengo con quién hablar por las noches, cuando la casa calla, la luz se apaga y el silencio parece ocuparlo todo.
¿A quién le susurro ahora mis miedos, mis alegrías, mis dudas? ¿A quién le entrego aquello que ya no puedo cargar sola? ¿A quién le pido, sin importar la hora, que me consuele, que me sostenga, que se haga cargo, por un momento, de aquello que me rebasa?
Me gustaba que estuvieras conmigo. En la ducha. En el coche. En la cama. En el parque. En el supermercado. En cualquier parte. Me gustaba pensar que siempre estabas conmigo, aun en silencio. Disfrutaba hablar contigo sin sentir que hablaba sola. Pensarte. Sentirte. Soñarte.
Me hace tanta falta preguntarte qué harías en mi lugar. Intentar mirar el mundo desde tus ojos. Buscar en ti una perspectiva distinta de la mía. Extraño sentir tu guía, tu inspiración, tu compañía.
Toda la vida conté contigo. Con tu presencia y tu amor sin condiciones. Con tu paciencia y tu aceptación. Con esa silenciosa certeza de que todo estaría bien.
Eras mi puerto seguro. Mi lugar de descanso.
Con aquel «no tengas miedo» que nunca escuché con los oídos y, sin embargo, tantas veces sentí.
Me encantaba sentirme querida por ti. Única e importante.
Ahora me pregunto, quizá más dolorosamente, en qué momento dejé de creer que existes.
Que estás.
Que eres.
Me digo: si nunca estuviste,
¿con quién hablé durante tantos años?
Si nunca fuiste,
¿cómo puede ser tan grande la ausencia de quien nunca estuvo?
Hay noches en que quisiera volver a saberte junto a mí.
No porque necesite respuestas.
Ni milagros.
Eso nunca fue lo que amaba de ti.
Solo quisiera volver a sentir que, al apagar la luz, todavía hay alguien escuchando.
Si existes…
si me oyes…
ojalá aún sea posible volver a saberte a mi lado.
Volver a sentir tu presencia.
Solo porque te extraño.