Durante mucho tiempo me conté que yo había sido una niña poco amiga de la perfección. Las cartas vinieron a desmentirme. Ahí estaba mi letra, haciendo fila, respetando márgenes, procurando que ninguna palabra se saliera de su sitio.
Esa niña sigue aquí. A veces todavía quiere enderezar renglones que ni siquiera son suyos. Lo curioso de la perfección es que muchas veces no la reconoces mientras la persigues. No vas por la vida pensando: quiero que todo sea perfecto. Simplemente estás convencida de que así se hace, así debe ser, así tiene más sentido. Insistes, corriges, acomodas. A veces hasta te enojas porque los demás parecen no ver algo que para ti es clarísimo. Solo con los años y con las regadas que uno mete, es cuando volteas hacia atrás, descubres que aquello que llamabas responsabilidad, exigencia o hacer las cosas bien algunas veces era simple necedad. Querías que la vida o los otros escribieran sobre lo que tú pensabas que eran los renglones, sin darte cuenta de que algunos los habías trazado tú. He tardado en entender que no todo papel que pasa por mis manos me toca corregirlo.
No por eso pienso que los renglones estén de más. Hay cosas que agradezco haber aprendido a hacer bien. El orden me ha servido, la disciplina me ha sostenido, las estructuras me han dado dirección. Pero una cosa es saber dónde está el margen y otra muy distinta vivir cuidando no rebasarlo.
Ahora me gusta más pensar que puedo escribir distinto según el día. A veces derechito, otras de prisa. Puedo hacer letra grande, apretujar una frase porque calculé mal el espacio, tachar una palabra, cambiar de pluma a la mitad. Incluso dejar algo sin terminar.
Quizá por eso la perfección ya no me interesa demasiado. Además, ¿cómo sería una vida perfectamente escrita? ¿Sin tachones? ¿Sin cambios de letra? ¿Sin una palabra fuera del renglón? Qué aburrimiento.
Con que se entienda. Que lo importante esté. Que haya cierta armonía, aunque no todo combine.
Saber corregir cuando hace falta, pero también reconocer cuándo hay que soltar la pluma.
Viendo aquellas cartas me alegra haber aprendido a escribir derechito. Más me alegra saber que ya no tengo que hacerlo todo el tiempo.
2 comentarios
Añade el tuyo →Wuawwww que cierto!
Que hermoso como reflexionas ante sobre lo vivido! Gracias hermana!
Qué bien describes tu sentir y ser. Te felicito Lume