Entre la cabeza y la cintura

—¡Bienvenida, Lola, a nuestro segmento TALENTOS LOCALES! Es un privilegio contar contigo el día de hoy. Cuéntanos ¿Qué ha sido para ti esta carrera?

—Gracias por invitarme Gladis, es un gusto enorme por fin estar en este programa de radio tan popular. Mi pasión siempre ha estado en los escenarios, no concibo mi vida sin cantar, bailar y estar rodeada de público. Claro que este oficio es muy demandante, me ha costado mucho ganarme un espacio en esta ciudad  y creo que por eso la disfruto tanto. 

—Así es Lola, para nosotras, las leonesas, tu historia de vida nos inspira a seguir persiguiendo nuestros sueños a pesar de los obstáculos. Yo sé que eres un libro abierto pero quisiera que nos contaras algo que haya sido difícil de llevar y que lo sigue siendo a pesar del éxito.  

—Hijole Gladis, es una pregunta complicada porque todo en la vida se vuelve rutina, desde los mejores sueños hasta las peores pesadillas. Los seres humanos a todo nos acostumbramos y hasta llegamos a olvidar el daño que nos están causando ciertas situaciones. Además, somos capaces de normalizar muchas conductas, y con respecto a eso, si hay algo que desde que comencé a cantar hasta la fecha me molesta y no he sabido muy bien cómo llevarlo, hasta hace unos días. 

—¡OMG, Lola, suenas a que nos vas a dar una primicia¡ Queridos radioescuchas no se despeguen. A ver Lola, cuéntanos qué es eso que te ha conflictuado desde hace tanto. 

—¡Ja, ja, ja! Se los diré porque aparte creo que muchas mujeres se van a relacionar conmigo. Yo empecé a cantar en fiestas pequeñas en los noventas, y era una joven de diecisiete, dieciocho años que sólo quería ser famosa. Ya sabes que muchas cosas estaban normalizadas y no sabíamos ponerle nombre. Bueno, pues siempre que terminaba mis shows los que me contrataban o, también, los invitados se acercaban a tomarse fotos conmigo. Yo me sentía feliz de que me las pidieran porque era como practicar para cuando tuviera fans. Pero, invariablemente, era una situación rara, todos los hombres que se acercaban me tomaban de la cintura de una forma tan invasiva que me sentía muy incómoda. Yo en mi mente no entendía porqué si no me estaban haciendo “nada malo”. Trataba de parecer feliz y sonreía. Con los años fui ideando maneras de zafarme, de acomodar mi cuerpo, mis brazos,  para que no me pudieran tomar de la cintura. Más adelante también cambié mi forma de vestir para los shows, pensando que mientras más tapada menos señales erróneas mandaba. Pero no fue así, siempre, en cada foto, la mayoría de los hombres intentaban poner la mano cubriendo mi cintura. Pasaron los años y aunque me incomodaba me resigné a que “así era” porque no encontraba la manera de poner un límite. Después, llegó el esperado éxito y algunos hombres comenzaron a verme con más respeto, pero muchos otros al contrario, hasta más confianzudos se portaban. Cuando empezó a visibilizarse todo este tipo de acosos normalizados ¡Sentí que se me iluminaba el cerebro!! Caí en cuenta que no estaba loca al sentirme vulnerada, que como mujeres nos enseñaron a normalizar muchas actitudes que nos dejan en desventaja. Pero pasa algo peor, tanto las normalizamos que nos da pena poner límites para no incomodarlos, para no apenarlos, para ser prudentes y no hacer escándalos. Bueno, pues tú pensarás que sabiendo todo esto pude hacer algo, pues no, de todos modos me cuesta saber cómo actuar y dejo que siga sucediendo… hasta ayer que hice algo que jamás pensé que sería capaz. ¿Ves que me presenté en la Velaria? Al terminar el concierto se organizó una firma de autógrafos y fotografías. Todo iba bien hasta que llegó el turno de un señor. Entrega su celular al staff para que le tomaran la foto, me saluda muy sonriente, se coloca a un lado mío y ¡SIENTO su mano caliente y sudada en mi cintura! No creas que solo apoyada ¡No!, bien agarrada y hasta me jalaba hacia él. ¡Ay no! Fue tan incómodo de verdad, pero algo pasó, algo cambió, vi el momento en cámara lenta, pude analizar en microsegundos lo que me estaba haciendo sentir esa situación y cuando menos me di cuenta le estaba quitando la mano y subiéndola a mi hombro. Se sacó de onda, y se disculpó. Sé que lo apené y no me importó. Me sentí tan bien conmigo misma que no dejo de felicitarme por haberme atrevido a incomodar a alguien más para poner un límite. Entonces, como ves, tu pregunta llega en el momento indicado. 

—Gracias, Lola, por compartir algo que pareciera intrascendente pero no lo es. Te entiendo perfecto y creo que todas las mujeres nos podemos relacionar con lo que cuentas. Por favor, hombres, cambiemos la forma en que nos acercamos unos a otros por una forma más respetuosa. Y no me refiero solo en las fotos con figuras públicas sino también en las fotos familiares, desde ahí comenzamos a normalizar, también evítenlo en las fotos con amigas. Al abrazarnos hay mucho espacio entre la cabeza y la cintura, escojan cualquier punto intermedio y, sobre todo, eviten volver invasivo el contacto, no aprieten ni jalen hacían ustedes. — Amigas, amigos, es tiempo de mandar a una pausa porque sin los patrocinadores no somos nada pero volvemos en unos minutos para cerrar esta charla con Lola, nuestro talento leonés, para que nos cuente qué lugares visitará en esta primer gira fuera de Guanajuato.

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