Tinta sobre mi piel

—That was an excellent presentation. These are themes that we liked to see on this course, always controversial for teenagers. Thank you, Myrca.
A—Thank you all, I know that I want a tattoo as soon as I can.

Así inició, en 2014, esta aventura con mi hija; en el último año de su educación primaria, para su graduación en la clase de inglés realizó una investigación acerca del tatuaje, desde sus inicios como parte fundamental de culturas ancestrales, hasta la moda actual de tatuarse desde edades muy tempranas. Presentó a los tatuadores más famosos e investigó todas las técnicas actuales. Ella estuvo preparándose como nunca la había visto a sus 11 años.

Yo me hice mi primer tatuaje a los 39, en la Ciudad de México, con Tony Cardel, artista del tatuaje en la técnica de color. Mi mamá aún sigue enojadísima por esta decisión, así que cuando mi hija comentó que lo haría cuando tuviera edad para tatuarse, mi esposo y yo le dimos permiso para hacerlo en su cumpleaños 17. Al final de cuentas, en aquella exposición le faltaban seis años, y conociéndola, pensamos que esa idea se le olvidaría.

El 2020 llegó con sus cambios radicales, un nuevo virus y también con los 17 años…

Una semana antes de su cumpleaños, los cuatro integrantes de la familia, en nuestra cuarentena, empezamos a cantarle y bromear con la canción de Los Ángeles Azules: “Es callada, tímida, inocente…”. Y sí, en verdad que sí lo es. Aunque este año he descubierto en ella una madurez gigantesca —además de sus cualidades desde que era una bebé —, que me hace sentir orgullosa: su ángel, su sonrisa, la manera como se centra en sus proyectos. De hecho, siempre ha sido una niña noble con un corazón transparente; su forma de ser siempre empática y responsable. En estos últimos meses me ha enseñado más que cualquier otra persona: cómo sobrevivir en un mundo tan cambiante haciendo uso de su fortaleza para aceptar los cambios que la han convertido en una mujer resiliente.

La pregunta surgió como si la hubiera hecho el día de ayer y no seis años antes: «Mamá, ¿qué día podemos hacer la cita para el tatuaje?». Hace un par de años habíamos creado un board en Pinterest sobre estilos e ideas. Lo que más me conmovía es que ella quería hacerse un tatuaje junto conmigo. No pude resistir la lágrima, que siempre me saca, y acepté sin chistar. Solo se presentaban mis miedos, y no por la tinta en su piel, por el diseño o por las cosas que dirían de ella, sino por el sitio donde habríamos de hacerlo, si cumplían con todas las medidas de seguridad e higiene, si el protocolo de limpieza entre cita y cita era el más indicado. Ella tomó la iniciativa y buscó entre los mejores estudios de tatuajes, preguntó precios e indicaciones, y así programó su cita.

Dos semanas después de su cumpleaños fuimos a Ponx. El tatuaje es de un diseño y técnica muy sencillos; sin embargo, la pieza es hermosa en su significado. Personalmente, tengo una fijación con Ganesha, así que Myrca escogió un elefante para llevar en su piel. Llegamos por la tarde y el recepcionista nos indicó cómo íbamos a pasar al estudio: limpieza con gel, uso de cubrebocas, gel en las manos. Mientras tanto, la miré desde un ángulo que no había reconocido: verla nerviosa y con las manos terriblemente sudadas me dio mucha ternura; se enfrentaría por primera vez a una decisión de adulta, sin serlo, pero a la vez la vi firme, como si ese día su etapa de adultez se hubiera adelantado años. Pasé primero, ya que en mi cuerpo existen tres rayones; además, así esperaba tranquilizarla y darle seguridad.

El tatuador, un chico de estatura media, vestido de negro, con pelo totalmente revuelto y con su máscara N95, entró, preguntó por el tamaño y el diseño. Imagino que los tatuadores están acostumbrados a los nervios de todos los que llegan a tatuarse, que hacen preguntas simples y llenas de dudas. Calcó el dibujo en nuestros antebrazos, pero lo que no pensé fue que este chico estaría más nervioso que mi hija. Creí que era también la primera vez que él tatuaba a alguien sin tinta en la piel.

Pasaron solo unos minutos e inició. Sentí cómo cada una de las agujas entraban en mi piel; esa sensación ya conocida me hizo sentir viva y llena de colores. Este elefante bebé significaba llevar a mi hija tatuada en mi piel para siempre. Agradecí cada momento especial de su vida: cómo preparé mi cuerpo para engendrarla, dejando todo aquello que pudiera dañarla previo a su concepción y ya en mi útero. Recordé el primer momento que la tuve junto a mí, su respiración en mi pecho, cómo su llanto paró en cuanto le di su primer beso. Recordé el día que la perdí por unos cuantos minutos que me parecieron una eternidad. Recordé su voz ronca y hermosa que me despertaba cada noche con miedos y pesadillas. También la vi en sus primeros tropiezos de la vida, la vi llena de enojo cuando llegamos a León y me reprochaba el gigantesco cambio que yo había hecho en su vida. La recordé plena y hermosa en sus quince años. La imaginé llena de proyectos y sueños logrados en su vida. La vi radiante, llena de curiosidad por saber cómo se sentiría la tinta en su piel. La he tenido siempre tatuada en cada célula de mi cuerpo, pero ese día la línea negra en mi antebrazo me recordaría la felicidad de saberme su madre, de saber que ella siempre llevaría en su antebrazo el trazo de mi ser, que siempre la protegerá, que siempre la acompañará; de ese elefante madre que le recordará que lo más importante es el amor de familia. Le recordará que es fuerte y que siempre podrá tener paz cuando la necesite; que es orgullosa, responsable, que su finalidad en esta tierra es vivir experiencias que la encaminen a la felicidad.

Nos vi en este mundo lleno de cambios, tambaleante ante un virus, llenas de sabiduría. Nos vi juntas por siempre, aun cuando su caminar sea sin mí a su lado. Le auguro un futuro infinitamente feliz, un futuro pleno con Ganesha a su lado, quien la acompañará para recordarle de su sabiduría, su inteligencia. Y yo siempre ahí, en su antebrazo izquierdo.

8 comentarios

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Yo personalmente las llevo tatuadas en mi alma; pero que tú la lleves en tu piel y hacerlo al mismo tiempo me dio otra opción de ver los cambios generacionales, me parece algo fuerte y hermoso a la vez.

Hermosos tus pensamientos hacia tu hija y a ti misma como madre esposa y como le trasmites esa seguridad que toda la vida también a ti probablemente te enseñaron felicidades querida!❤

Siempre que te leo me maravilla tu forma de expresar algo Tan sencillo -aparentemente- de manera tan hermosa.
Me encantó la manera en que de manera tangible han quedado unidas de por vida.
Muero por conocer esas líneas en su brazos !!!!!
GRACIAS POR COMPARTIR !!!

Clau, muchísimas gracias por tu comentario y por leer mis textos, esta fue una experiencia muy importante para Myrca y para mi, ya pronto verás nuestras líneas Ü

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