Meritá, isla flotante, rodeada de nubes rosadas, acantilados infinitos que se unen con el mar, que los que están en la tierra lo llaman cielo.
Meritá solo existe para los elegidos, nadie la puede ubicar en los mapas. Todo en esta vida tiene un propósito, cada ser vivo o inerte cumple con su plan acordado y Meritá es parte de ese plan.
Elisa navega su barco dentro de las aguas profundas del océano. Toca tierra para cargar contenedores, viaja durante 5 días y sus noches.
Bastián es mecánico y piloto. Desempeña las laborares necesarias para mantener en buen estado a esas criaturas metálicas que dan sentido a su vida. Él navega por los cielos.
Llegan puntuales a su cita con el destino. Una neblina rosada les impidió seguir sus respectivos viajes. Ella atraca en el primer pedazo de tierra que encuentra, él aterriza ahí mismo. La bruma se disipa, sus miradas se funden, se acercan sin hablar, sus palmas se rozan al igual que sus alientos. ¿Se conocen? hace miles de años, sus almas se encuentran en cada vida que habitan. Meritá es la cómplice de su amor.
Caminan por los bosques llenos de árboles en tonalidades lilas y moradas. Las mariposas brillan igual que las luciérnagas, vuelan, adornan el cabello de Elisa, iluminan el rostro enamorado de Bastián. Se toman de la mano, hablan sin hablar. Nadan desnudos en el lago esmeralda donde sus cuerpos se entrelazan, los latigazos de pasión tiñen las aguas color arcoíris.
El tiempo no existe, el sol permanece estático en un bello atardecer aperlado. Él recuerda lo bien que se siente volar cielos llenos de matices. Ella reconoce esa mirada, sin decirlo siente que el tiempo de estar juntos se está acabando. Se sume en sus pensamientos, cae en emociones contradictorias, no quiere alejarse de él pero reconoce que ella también desearía surcar esas aguas coloridas que se conectan con el mar.
Elisa está recostada en el pecho de Bastián cuando él comienza a hablar,le cuenta todo lo que vive cada vez que está en el aire, explica que sus manos se hacen uno con el volante, cada vez que despega es como si una pausa infinita cubriera al mundo.
-En ese me momento me fundo con todo lo que abarcan mis ojos.
Elisa lo entiende con cada célula de su ser. Se incorpora, recarga la mano en su pecho, le dice que cuando toma el timón se siente poderosa, capaz de soportar las peores tempestades para deslumbrarse con los amaneceres en altamar.
-Me siento tan pequeña ante la inmensidad que paradójicamente me convierto en un ser feliz.
Él quiere mostrarle todo lo que ve cuando vuela y ella quiere llevarlo en todos sus viajes. Al reflejarse uno en el otro se conmueven, descubren su propia individualidad. Cada uno disfruta lo que hace, cada uno admira del otro esa pasión. Si alguno renuncia a esa parte dejarían de ser las personas que aman. Se dan cuenta de la crueldad que representa querer poseer.
Del lago emerge Meritá, el alma de la isla, su vestido parece estar hecho de las mismas aguas. Cuando habla su voz es tan melodiosa que la pareja siente una inmensa paz.
-La isla ha cumplido su propósito. Ahora está en ustedes decidir: pueden permanecer juntos aquí o irse cada uno en sus respectivas naves, podrán verse cuando la isla toque el punto exacto cada 7 años.
No hace falta discutirlo, está decidido. Los enamorados se funden en un largo abrazo.
Cada vez que la luna luce tonos rosados sabemos que Elisa y Bastián están en Meritá disfrutándose con profundo amor.