Esa taza de café

Maris,
estás en cada libro que leo,
nunca serás olvido.

El café se quedó sin hacer, 
el desayuno se enfrió.
Las lágrimas comenzaron a mojar las ventanas del adiós. 

La vida sigue sin la rutina de esa casa,
la muerte se llevó su aliento. 

Se quedaron palabras en el tintero,
libros que no se abrieron, 
ideas que volaron junto con ella. 

Ahora es luz, 
es todo. 

Es ese café que alguien más beberá. 
Es esa brisa que refresca el rostro.
Es ese jardín fértil sembrado de semillas listas para florecer.
Es alegría ingenua.

Es la historia que queda por contar. 
Es la vida abriéndose paso entre los abedules y los ocasos. 

Es el tiempo que vuelve a llenar esa taza de café. 

9 comentarios

Añade el tuyo →

Deja una respuesta