DRIPS

“El rugby es una escuela de vida”.
Guillaume Berron.

Conocimos el rugby  en secundaria. 
No es un deporte común en nuestra localidad, es una lástima que pocos se atrevan a jugarlo.
Pregunté al entrenador si mi hijo era apto para practicarlo, pues en ese momento era de complexión delgada y frágil.
Me respondió que cada jugador tiene un “lugar” en el rugby.
Tenía razón.
Algunos son pequeños pero veloces, hay fornidos defensores, otros con piernas capaces  de soportar cualquier embate y con brazos poderosos para defender con brío el balón.
Por eso cada jugador es único e importante.
Hay  una cualidad que comparten por igual:  Son valientes.
Creo que después de jugar rugby pueden enfrentar cualquier circunstancia que se presente en la vida.
La protección obligatoria es el guarda bucal.
Yo estoy convencida de que el mejor escudo es su propio cuerpo.
Es muy rápido.                      
El tiempo real de juego es de 14 minutos, en dos mitades, con una breve pausa intermedia.
Adrenalina pura.
No hay oportunidad de respiro ni de dudas.
El balón puede pasarse hacia atrás o lateralmente.
Y solo se puede bloquear al jugador que lo porta.
Por ello se necesita de todos los compañeros, de DISCIPLINA y estrategia.
Durante la jornada prevalece el RESPETO por el equipo pero también por el rival.
Se dice que es un juego de villanos jugado por caballeros.
Después de practicarlo por varios años no solo se desarrolla músculo y destreza.
Sino que son congruentes con lo que piensan, dicen y hacen, se convierten en personas ÍNTEGRAS.
Hemos vivido momentos de PASIÓN dentro y fuera del terreno.
En las gradas gritamos, sufrimos, brincamos, rezamos.
En el campo  hay sudor, golpes, fuerza y confianza.
Caen, besan el suelo, se levantan y siguen corriendo.
Después  de cada partido hay un “Tercer tiempo” en el cual, sin importar la victoria o derrota se convive de manera cordial.
No se juega contra el otro equipo,  sino con el otro equipo.
Y en ese sitio fraterno nos unimos jugadores, entrenadores y la porra.
Nos volvemos SOLIDARIOS.
Una gran comunidad .
Han terminado para nosotros los días de rugby.
Los chicos de secundaria se convirtieron en los grandes de bachillerato.
Todos han embarnecido, saben que “ningún jugador es tan bueno como todos juntos” y reconocen que tienen un lugar importante en la vida.

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