Vacuidad

La brisa corre fuera de la cabaña, hace mucho frío y empiezo a sentir en los huesos el dolor de la edad que me recorre desde la cara hasta los pies, percibo como me columpio, es como si por primera vez mi cuerpo fuera liviano, entiendo aquellos dichos populares, y siento como hela el viento, como el pecho se enfría sin sentir calor, aunque tengas al sol sobre la cabeza.

Abro lentamente la puerta, mi mano casi no se puede mover, me duele el movimiento de tomar la jaladera, intento entrar y no puedo, ahora el rechinar de la puerta me hace sentir un escalofrío que se suma a todo el sentimiento de frío que cala los huesos. 

Por fin me animo a dar el paso sin tropezar con el tapete que está entrando, esquivo la mesa y me tiro a la cama, ahí mismo me encuentro con los pensamientos que se empiezan a formar, no sé si sea el clima o la soledad, pero cierro los ojos y me imagino a mis padres.

Escucho de nuevo el viento, siento como esa ráfaga entra por debajo de la puerta, estoy solo y asfixio ese grito que empezaba a formarse, dibujo en mi cabeza las figuras que antes me acompañaban, mi madre siempre presente es la primer figura que reconozco y ahí sin más le tiendo la mano pero no la alcanzo, mi padre, ese hombre fornido que siempre me protegía no está hoy en la habitación, busco en todos lados pero no lo encuentro, tengo miedo, ni siquiera en mi imaginación lo percibo, abro los ojos y la chimenea empieza a avivarse sin razón alguna, estoy seguro que ellos empiezan a mostrarme una señal, aquí están.

Y me levanto con esa pesadez de haber pasado el día sin comer, no tengo hambre, me miro en el espejo y tampoco me reconozco, vuelvo a salir de la cabaña y veo que es de noche, no sé cuanto tiempo pasó, si solo han sido horas o días, ¿cuándo se fueron? No entiendo el tiempo, no entiendo nada, el frío, el dolor, la ausencia, y por fin me reconozco. Sé quien soy, uno más que perdió a quienes ama.

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