Nada nuevo bajo el sol, reflexiones de una plagiadora.

Nada es nuevo bajo el sol, todo es una copia de alguien más, imitamos a otros anteriores a nosotros, todo se recicla, cualquier creación está influenciada por otros creadores, observamos plagios en las artes. ¿Será? ¿Es incorrecto plagiar? ¿Qué es plagio para empezar?

Estos cuestionamientos surgieron a partir de la lectura del cuento “El viaje de invierno” de Georges Perec, donde el tema central es el plagio. Es un cuento de ficción que a manera de crónica del joven profesor e investigador de literatura Degraël, narra cómo encuentra un libro escrito por un tal Hugo Vernier, lleno de citas de casi todos los poetas del siglo XIX. Al principio cree que el autor podría haber plagiado a otros poetas más, al revisar la fecha, se da cuenta que el autor publicó su obra con anterioridad. Los plagiadores son entonces los poetas Mallarmé, Rimbaud, Corbière. La obra de Vernier es la biblia secreta a ser copiada, pues «la poesía debe ser hecha por todos, no por uno». Llega la Segunda Guerra y el libro desaparece en un bombardeo, obsesionándose entonces Degraël en encontrar el origen de este libro durante toda su vida, lamentablemente, sin éxito.

En el “Viaje de Invierno” Perec copia descaradamente citas de otros autores, para formar una composición musical cuyas notas conviven en armonía una tras otra, un ejemplo de intertextualidad de la literatura, un mosaico de citas que se transforma en un texto nuevo. It blew my mind. Lo encontré extraño, vertiginoso, vanguardista, una broma del autor al lector, una influencia de Borges sobre Perec, una rareza literaria, una crítica a los escritores monstruos. Tan raro es el libro que tengo en mis manos que solo tuvo un tiraje de 999 ejemplares. Tan bueno es que otros autores, como Hervé Le Tellier, lo han imitado creando una novela colectiva. Una lectura que recomiendo para todos los que aman la literatura.

Pero ¿cómo llegué a leerlo? Descubrí a Georges Perec gracias a mi profesor de escritura creativa, Pedro Omar Rivera Montero (@omar_rivera_montero @muercielagoylobo) cuando leímos “Me acuerdo” (Je me Souviens: Les choses comunes I), una copia del formato del libro “I remember” de Joe Brainard, quién escribe en un formato autobiográfico un conjunto de remembranzas de su mundo interior, sacando a flote lo que permanece de lo vivido y no ha desaparecido. El principio básico de estos textos es «intentar sacar a la luz un recuerdo casi olvidado, no esencial, banal, común, si no a todos, por lo menos a muchos». Paul Auster escribió al respecto «a través de estas frases sencillas y contundentes, traza el mapa del alma humana y altera de forma permanente la manera en que miramos al mundo» (Brainard, 2009: contraportada).

Por su parte Perec, con líneas de poca extensión, describe algún recuerdo personal que retrata su época de infancia y juventud mezclado con la cultura e historia de su época. Un experimento extraño que nos invita a replicar a aquellos que, como yo, deseen indagar en el pasado, conservar recuerdos cotidianos y retratar objetos familiares que nos vinculan con nuestra propia historia. Sobra decir que autores, artistas, personas comunes —como tú o yo— han realizado sus propias adaptaciones de la obra: Margo Glantz de México, Sebastián Antezana de Bolivia, Martín Kohan de Argentina, Marcelo Mastroianni de Italia, etc. Yo, que siento que la memoria me engaña y que quisiera recuperar algo de lo perdido, decidí plagiar la idea y realizar el ejercicio en un futuro cercano.

Entonces ¿se vale copiar? Todos los que pintan copian de la realidad que sus ojos observan. Los escritores crean personajes con características que observan en los que los rodean. Los músicos son influenciados por otros cuya música se graba en la memoria. Con valor formativo, lo hicieron los pintores Goya y Velázquez como aprendices. Entonces, copiar se vuelve parte fundamental del proceso creativo. Menudo asunto ¿no? Los copistas existen desde siempre, pero hay una delgada línea entre lo que es ético y lo que no. En cuestión del desarrollo cultural y personal implica, además del respeto a los derechos de autor, el reconocer si algo surge de la propia creatividad y si puedo decir con orgullo “esto es mío, es original”. Además, hay infinidad de implicaciones jurídicas, económicas y tecnológicas en las que no ahondaré por no ser relevantes a lo que quiero exponer.

Volviendo al tema ¿se vale copiar? Para empezar, creo que una idea original, en su totalidad, no existe. El surgimiento de la misma es un accidente de coincidencias que llevaron a un proceso de pensamiento que detonó en una idea específica. Esto es en base a lo que se ha visto, experimentado, soñado. Entonces la originalidad y creatividad surgen al introducir una nueva mirada a lo existente, como hicieron los atenienses que lo lograron, no sólo dirigiendo una nueva mirada con los ojos, sino con el pensamiento (Gombrich:2015:78). O como Aristóteles dijo «la invención es una elección consciente a partir de un número fijo de posibilidades alternativas».

Dicho lo anterior, se puede copiar la idea, tal vez la forma, pero entonces ¿cuál es el límite entre una idea y la expresión de la misma para no ser considerado plagio? A mi manera de ver esto lo determina la esencia original, sustancial de cualquier obra. Por ser yo diferente a Brainard o Perec, mi futura versión de “Me acuerdo” será única y original, aun copiando el formato. Subjetivamente es original porque reflejaría mi personalidad, objetivamente es una obra nueva porque representaría mi punto de vista. Aunque reconozco que mi creación no sería nueva ante los ojos del mundo, lo sería para mí. Y al final, quien se beneficia de este proceso creativo soy yo. No estoy plagiando en sí, pues la definición de plagio es «idea u obra literaria, artística o científica de un autor, que se presenta como si fuera propia». Esta definición se asemeja más a falsificación: algo falso cuyo objetivo es engañar al otro. Esto sí lo he visto. Esto no lo acepto.

Pero volviendo a la cuestión, considero que sí podríamos imitar o copiar con la intención de crear algo diferente a partir de lo ya existente. No podemos vivir obsesionados por la originalidad, la pureza y la virginidad. Posner hizo una referencia a T.S Eliot sobre su poema “Tierra Baldía” que está compuesto por un entramado de citas de literatura anterior «el poeta bueno integra su robo en una bola de emoción que es única, totalmente distinta de aquella del que lo desgajó (…) si esto es plagio, lo que hace falta es plagiar más”.

Así será.

Nota: El título es un plagio. Se originó en Eclesiastés 1,9. El Rey Salomón dice “Qué es lo que fue? Lo mismo que será”. Entonces “Nada nuevo bajo el sol”.

Libros mencionados

El viaje de invierno & sus continuaciones
Georges Perec & Oulipo
Eterna Cadencia. Trad.: E. Berti
468 páginas

El viaje de invierno
Georges Perec
Verdehalago. Trad.: Claudia Pacheco
45 páginas

Me acuerdo
Georges Perec
Impedimenta
176 páginas

Me acuerdo
Joe Brainard
Sexto Piso
146 páginas

Tierra baldía
T.S. Eliot
Fondo De Cultura Económica
64 páginas

Foto de Vinicius «amnx» Amano en Unsplash

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