FIRULAIS

Soy un perro viejo, recuerdo poco de mi vida cachorra. Nací en la calle. Soy hijo de las que llaman sinhogar o callejeras. 

Mis primeros recuerdos están marcados por el hambre, mucha hambre, siempre. Mis hermanos y yo aprendimos a robar comida, a encontrar agua fresca y a esquivar los peligros de la ciudad. Todo esto con sus respectivas consecuencias: nos agarraron a patadas, nos quisieron atrapar para llevarnos a la perrera y también murieron dos de mis hermanos cruzando la calle. Nuestros días transcurrían buscando comida y un lugar seguro para pasar la noche. 

Cuando dejé de ser cachorro mi mamá me empujó a seguir yo solo mi camino. Me fui. Me dolió dejarla. 

Vagué hasta que llegué a un lugar que olía siempre a comida. Todos los colores y las formas llenaban los puestos. También, el embriagador olor a carne tentaba mis fosas nasales, las piezas rojas colgaban y se mecían como queriendo jugar conmigo, provocándome, invitándome a saltar sobre de ellas. Me corrían con gritos y escobazos pero me volví un experto cazador. Además, tenía humanos que me consentían y me daban de comer los desperdicios del día. 

Puedo decir que era feliz, pero todo se esfumó, la vida de perro es, a veces, un martirio. Una mañana coches con luces rojas y azules llegaron a toda prisa, se bajaron personas llenas de ira, jalonearon gente, se la llevaron en los coches, cerraron puestos, y de un momento a otro me quedé solo. 

Volví a las calles, ya no era lo mismo, mis reflejos y habilidades ya eran de un perro viejo. Y si, había envejecido, me sentía torpe, frágil y cansado. 

Decidí vivir sin rumbo. Dormía, buscaba comida, me refugiaba en callejones obscuros. Así estuve no se por cuánto tiempo. Un día, cruzando por un camino empedrado, mi instinto comenzó a despertar, me decía, me gritaba, me imploraba hacerle caso. Llegué a una casita que abría y cerraba una barra para que pasaran los coches. La señora que vivía ahí me llamó, yo no me acerqué, entonces ella me trajo un plato de comida y agua. Al verla de cerca, me reflejé en unos ojos color miel llenos de compasión y bondad. Supe que, por fin, había encontrado a mi persona. 

Dijo una palabra chistosa, “Firulais”, la decía viéndome a mí y haciéndome caricias, entonces entendí que ese era mi nombre: FIRULAIS ¡QUÉ FELICIDAD! 

A ella todo mundo le dice Lucy. Hace muchas cosas todo el tiempo por eso poco a poco he aprendido a distinguir cuando llegan los de la paquetería, los de la basura, los del agua. Me pongo muy serio cada vez que alguien quiere cruzar la barra, porque con el paso del tiempo comprendí que el deber de Lucy y mío es proteger a los humanos que viven aquí. 

El mejor día de mi vida fue cuando Lucy me puso mi uniforme, me demostró que confía en mí y que sabe que nunca me iré de su lado. Aunque sólo lo usé unos días porque me he puesto gordo y me aprieta, pero llevo en el corazón lo que representa. 

Quiero que mi humana esté orgullosa de mí pero me canso rápido por eso me echo mis buenas siestas, después de desayunar, después de comer y después de cenar. Lucy me acaricia, me tapa, me cuida, me hace saber que estoy a salvo y que le gusta mi compañía.

No sé cuánto tiempo me quede pero lo que sí sé es que quiero pasar el resto de mis días acompañando a Lucy y ella acompañándome a mi. 

Pensé que la vida de un perro era solo buscar comida y salvarse de no morir rápido, pero en este hogar que elegí descubrí que mi existencia tiene un propósito: 

Yo soy Firulais, perro guardián de fraccionamiento, y mi propósito es cuidar a Lucy y a todos los que viven aquí. 

I’m

27 comentarios

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Muy conmovedor, siempre acabo llorando con estas vivencias y textos.
Hoy en día no me animo a adoptar un perrito porque si quiero salir de viaje o salir de casa por muchas horas pienso en su soledad o donde dejarlo para que lo cuiden mientras no esté en casa.

Odi, gracias por leerme. Si son una gran responsabilidad pero creo que un perrito adoptado está mejor en una casa aunque a veces esté solo que en la calle. Ojalá el perro indicado para ti te encuentre pronto. Un abrazo.

Mi querida Denise , enternecedora historia de Firulais ; la enseñanza de Luci que al ser compasiva , resultó tan beneficiada .
Un abrazo !

Que bonito!!! Siempre el darle una nueva vida a un perro es muy gratificante! Ojalá haya más personas como Lucy y les de una nueva vida a esos perritos que no tienen hogar

Gracias amiga!! Sii es algo muy bello lo que hizo Lucy y Firulais escogió donde pasar sus días.
Cuando quieras puedes venir a conocerlos.

Ya queria a Lucy que es tan amable y disfruta su trabajo. Por eso recibió a Firulais y están felices. Me encanto la historia mas gusto entrar al fraccionamiento.

La nobleza de Firulais hermosa!!! La de Lucy también. Estos peludos nos llenan el alma y nos recuerdan la grandeza de vivir en bondad. Ame lo grande de este «simple» texto.

Me encanto, se me salieron las lagrimas, que linda y conmevedora historia, soy amantes de los perros son unos ángeles, hace 8 años adoptamos a Luna y es parte de nuestra familia.

Chivis!! Gracias por leerme y por conectar con mis palabras. Los perritos son el amor incondicional en la tierra. Te mando un abrazo.

Ambos se eligieron, son nobles,amorosos a su manera,Lucy una gran persona con un enorme corazón y no siempre deja ver lo amorosa que es ella. Firulais un perro de los pocos que conozco con un espíritu tan grande que por eso sigue aquí. Tan tan obediente ,agradecido y cariñoso que no cuesta trabajo amarlo.
Gracias a Lucy por darnos la oportunidad .

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