Lo he sentido muchas veces: las ganas de salir de algún lugar por la asfixia; de buscar, a contracorriente, algo que no sé qué es, pero me hace falta. Lo siento en forma de opresión en el pecho y como un cosquilleo en las manos.
Pocas veces me siento más viva y más capaz que cuando tengo que levantarme en contra de algo o de alguien.
La rebeldía se piensa como un mal pasajero que se cura con la madurez. Para mí, la rebeldía es energía, fuerza, crítica; es lo opuesto a la culpa. No siempre se triunfa; casi siempre los rebeldes no llegan a donde anhelaban, pero su camino suele ser la apertura de la brecha que alguien más transitará.
No siempre, cuando se cae, se fracasa.
Voz invitada: Abril Celeste
2 comentarios
Añade el tuyo →Me encantó, lo sentí como el eco de aquel susurro estrangulado de la libertad que se niega a desaparecer.
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Cierto, rebeldes siempre!!!