La intención

¿Qué cuenta más, la intención o los resultados?

De chica escuché que el camino al infierno estaba lleno de buenas intenciones. Esa frase me hacía pensar que no importaba desde dónde hacía las cosas, que al final lo único que contaba eran las normas y los resultados.

La escuchaba sobre todo cuando no terminaba una tarea.
“No basta con querer hacerlo.” Y, de paso, venía el regaño.

A veces no quería hacer lo que me pedían. Otras veces sí, aunque me tardara. Aun así, el tache era el mismo. Había algo frustrante en eso: como si la intención dejara de importar por no cumplir en el momento.

Sé que los hechos cuentan. Hay daños o beneficios reales, es decir, consecuencias. Para ser eficiente, hay que hacer las cosas. Eso me queda claro. Pero quiero darle su peso a la intención con la que actuamos, cuando no hablamos de economía, de balances de resultados o metas cuantificables.

¿Da lo mismo qué me inspira a hacer algo mientras el resultado sea el esperado? ¿Basta con cumplir? ¿Alcanza con no hacer daño, aunque por dentro se desee? A veces no basta con querer el bien. La intención no sustituye la acción ni la limpia por sí sola. Importa muchísimo lo que hago: eso se ve, se nota, es lo palpable. Sin embargo, la intención es la que pone en sintonía la acción con el propósito.

No es lo mismo vivir un día palomeando pendientes que decidir cómo quiero vivirlos. Los pendientes pueden ser los mismos; lo que cambia es el fondo.

Las intenciones para mí siempre han sido muy importantes. Me hablan del fondo de la gente, de su corazón. Cuando alguien no tiene intención de dañar, aunque se equivoque, no se siente igual. Y cuando alguien ofrece algo desde otro lugar —querer quedar bien, manipular o sacar algo a cambio— eso también se percibe. Por fuera puede verse bien, incluso bello. Por dentro, no necesariamente.

No puedo saber la intención de los demás, ni estoy para juzgarla. Lo que sí puedo observar es mi propia intención. Por eso me importa tanto. Desde ahí, para mí es tan importante la intención como el resultado: ese “desde dónde” con el que busco crear, conectar, ser honesta. Es eso lo que realmente me alimenta, más que mil logros o éxitos medibles.

Porque un aparente buen resultado lleno de mal espíritu, al final no es un buen resultado.

En clase de yoga se empieza poniendo una intención a la práctica, al día. En la oración se busca conectar con un sentido. En la meditación también hay un propósito. Cada inicio tiene algo de eso: una dirección, un “desde dónde”. Y mientras se avanza en lo que se esté haciendo, esa intención no debería descuidarse.

Es eso lo que sostiene la acción. Lo que le da peso o la vacía. Alimenta en silencio. Y cuando no es honesta, termina dañando hacia adentro, aunque por fuera todo parezca en su lugar.

También he escuchado hablar de la pureza de intención. Quizá no existe una intención completamente limpia. Siempre hay mezcla: algo de ego, de miedo, de necesidad. La diferencia está en poder verlo, en reconocer ese ego cuando se disfraza de bueno. En permitir que ese fondo, aunque no sea perfecto, se vaya volviendo más claro, más en armonía con la bondad y la conexión.

La intención va dejando un sello en la vida. Moldea desde dentro. Da fuerza, sostiene, orienta. De entrada, cuando se inicia con la disposición que conllevan las buenas intenciones, se empieza con el pie derecho en cualquier tarea, en cualquier relación.

Ojalá tengamos el valor para voltear a ver nuestra intención con la suficiente honestidad. Reconocer cuando no está en sintonía con el amor y se mueve por el miedo, la venganza, el dolor o la ambición. Cuando optamos por elegir la armonía y la conexión, es más probable que nuestras intenciones transformen nuestras acciones, nuestras palabras y silencios.

Aunque muchos me llamen ilusa, lo sé: estamos más cerca del cielo cuando la armonía se construye desde actos llenos de buenas intenciones. Esas serán, genuinamente, unas grandes acciones.

5 comentarios

Añade el tuyo →

Totalmente de acuerdo. Las intenciones cuentan mucho en las acciones. No basta con hacer, hay que poner AMOR, sin importar el resultado.

Que hermosa intención con tu clase de yoga. Siempre positiva y desde el corazon. Tu intención que percibo siempre dando siempre tratando de construir. Difícil a veces observar el ego. Gracias por el escrito mi querida Lumela

Si el universo funciona en amor y armonía, entonces se magnificará su cooperación para materializar el resultado de esas buenas intenciones.
Gracias por el llamado a la honestidad detrás del propósito mi Lume querida.

Totalmente de acuerdo contigo, no todo en la vida se hace con una intención, integra, honesta. Siempre lleva algo oculto, que a veces ni cuenta nos damos.
Pero cuando escarbamos un poquito sale la verdadera intención.
Me encanta esta reflexión tuya y que sirva para hacer un alto y buscar la verdadera intención de lo que hacemos.

Responder a Laura Camarena Cancelar la respuesta