Vivian Gornick y sus apegos feroces

Apegos feroces es una obra de la escritora Vivian Gornick. Fue publicada en 1987, pero fué hasta el 2017 cuando pudimos leerla en español gracias a la editorial Sexto Piso. Su pluma retrata la vida de las mujeres, que conoció desde la niñez, con una honestidad brutal que por momentos apabulla al lector. El libro se centra en la relación antagónica de una madre y su hija, mezclando dos líneas de tiempo: la de una madre de 77 y una hija de 45 que recorren las calles de Nueva York mientras al mismo tiempo recorren, a través de los caminos de la memoria, la otra historia: la del pasado, la de los asuntos pendientes. Silencios, desencuentros, discusiones, coincidencias, alegrías, tristezas… todo confluye para hacer de esta novela un imperdible para los lectores.

En los viajes al pasado las calles del Bronx se vuelven protagonistas. Es ahí donde encontramos un barrio judío con departamentos llenos de mujeres, cuyas historias se entrelazan estrechamente. Una red impenetrable para los hombres, quienes no figuran como personajes centrales.  Aquí es donde Gornick mezcla lo visceral con lo cerebral, reconstruyendo su infancia a través de la comparación de dos viudas: su madre que decide vivir en sufrimiento el resto de su vida pues el amor es lo único que importa, y la vecina Nettie con su mentalidad de que una vez viuda es momento de vivir libre, utilizando el sexo como fuente de poder.

Al convivir con una madre sufriente, la hija termina desencantándose del amor. Influenciada por el movimiento feminista de los setenta, Gornick disecciona el papel de la mujer, la maternidad y las relaciones entre mujeres. Así, la mujer ya no vive solo para casarse y tener hijos, sino para tener una vida propia, ganarse la vida o simplemente obtener lo que se merece como ser humano. La autora logra, a través del diálogo interno, reflexionar sobre como se convirtió en la mujer que es y cómo esto se relaciona con su madre.

Entre ensayo personal, cuento de autoficción o memoria escrita, los apegos feroces de esta madre e hija se convierten en toda una experiencia emocional aunado al misterio de lo familiar y lo cotidiano, al intercalado de presente y pasado, y a las descripciones que crean imágenes inolvidables. Lo que queda al final no es odio, son verdades duras sobre un amor trascendental, con amplio espacio para lo tóxico y lo bello de las relaciones madre-hija. Gornick concluye que el amor no vuelve a uno más fuerte. En sus propias palabras “es necesario pero insuficiente para tener una vida, para entender quién eres.” Incluso el amor filial, hay que ganárselo.

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