Era una mujer tan pequeña que su mayor ilusión era ganar altura.
Hubiera hecho cualquier cosa para lograrlo, en su época no existía el alargamiento óseo sino probablemente lo hubiera considerado.
Los tacones fueron su salvación.
Los altos por supuesto eran sus favoritos, podía crecer 10 cm con unas botas de piel y hasta 15 cm con zapatos de plataforma.
Cuando iba de fiesta prefería los de aguja, icono de elegancia.
Además descubrió que este tipo de calzado alargaba visualmente sus piernas y afinaba sus tobillos. Dando como resultado una silueta distinguida.
Lo más difícil fue mantener el equilibrio. Pero con práctica y entereza lo logró. No había banqueta o escalera que le viera tambalear.
Su llegada era inminente por el sonar de la tapa al chocar con el suelo.
Clic, clic, clic
Clac, clac, clac
Y aunque esa vida elevada le daba grandes satisfacciones, tuvo que pagar el precio.
Para aguantar largas jornadas usó almohadillas, plantillas de gel y espuma, aplicó vaselina para evitar ampollas y pegó con cinta los dedos tres y cuatro para aliviar tensión.
Pero al iniciar el día olvidaba los inconvenientes. Estaba convencida que los tacones eran una extensión de su cuerpo. No solo podían modificar su postura, arquear su espalda, realzar el pecho y glúteos.
Sino que estaba más cerca del cielo.
Solo había un par de ocasiones donde se permitía estar descalza:
En la ducha.
Y a la orilla del mar.
Para no perder figura ni altitud caminaba de puntitas.
4 comentarios
Añade el tuyo →Amo los tacones, son elegantes y me ayudan a mantener una postura que disfruto. Hubo un tiempo que los usé tanto que cuando me ponía tenis o zapato bajo me dolía la espalda y me inflamaba. Llegó la pandémia y dejé de usarlos diariamente. A veces los extraño pero alejarme de ellos me ayudó a volver a habitar una postura propia.
Ahora me emociona cuando uso tacones porque ya no son algo que me impongo sino algo que elijo.
Gracias Adry por llevarme a pensar en algo que pareciera insignificante pero realmente significa mucho.
Con o sin tacones eres una mujer de gran altura.
Los tacones son tan ajenos para mí como la misma luna jajajaja, supongo que tengo al ventaja de estar más cerca del cielo naturalmente.
Macri … No los necesitas.
Y sí, basta con que levantes tus brazos para rozar las nubes.