Correr hacia una misma: el derecho de las madres a vivir sus propios triunfos

En una sociedad que exige que la maternidad sea una renuncia constante, la imagen de una madre corriendo hacia la meta de un maratón mientras sus hijas intentan alcanzarla y son ignoradas, desató una tormenta de opiniones. Muchos vieron en esa escena una falta de sensibilidad, un “abandono momentáneo” del rol materno. Pocos se detuvieron a contemplar la otra cara de la imagen: la de una mujer que, por fin, se permite ocupar el centro de su propia historia.

Ser madre no significa disolverse. No significa vivir exclusivamente a través de los logros de los hijos ni posponer eternamente los propios sueños. Culturalmente se espera que una madre lo deje todo, que su alegría se refleje solo en la sonrisa de los otros, nunca en la suya. Por eso incomoda ver a una mujer cruzar una meta sin mirar hacia los costados, sin ceder el protagonismo, sin disculparse.

Ese gesto, el de seguir corriendo, no es una muestra de frialdad, es un acto de resistencia. Una madre también es una persona. Tiene cuerpo, deseos, ambiciones. Y cuando se entrena durante meses para lograr una meta —literal y simbólicamente—, merece alcanzarla con plenitud. Ignorar a sus hijas por unos segundos no es desamor; es una afirmación de existencia.

Las hijas, que la buscaban con admiración, aprenderán que su madre es capaz de desafiar sus propios límites, que no necesita pedir permiso para brillar. Tal vez ese ejemplo pese más que mil abrazos interrumpidos. Porque una mujer que se permite ser libre es también una madre que enseña con el cuerpo, con la voluntad, con la determinación.

Este episodio incómodo para algunos, revelador para otros, nos invita a revisar qué significa ser madre y cómo podemos honrar ese rol sin traicionarnos. No hay contradicción entre amar a los hijos y exigirse triunfos propios. Lo que hay es un desafío: enseñar que el amor no se mide en sacrificios silenciosos, sino en la capacidad de seguir siendo una misma.

10 comentarios

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Excelente tema Macrina, realmente se nos olvida que uno de tantos roles que decidimos tener es el de madres y desafortunadamente muchas críticas vienen de las propias mujeres.

Creo que debemos atrevernos a cruzar barreras y a desafiarnos, el rol de mamá es fundamental en la crianza, pero debemos reeducar en una crianza compartida y también exitosa.

Abrazo mi querida Macrina.

La maternidad no nos debe excluir de nuestros proyectos personales, al contrario tener estos retos nos hace más libres y más mujeres. Felicidades por todos tus éxitos Macri, que vengan muchos más.

Como me han enseñado mujeres exitosas buscando sus pasiones. Sigamos corriendo encontrando nuestros deseos. Acompañadas de las personas que nos quieren y queremos. Macri te admiro. Y admiro tu busqueda.

Mejor dicho imposible. Amé cada palabra de tu texto Macri.

“Tal vez ese ejemplo pese más que mil abrazos ininterrumpidos.” ¡WOW!

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