El escarabajo azul

Aprendí a manejar a los treinta años. Un poco tarde, lo sé.
Me enseñó mi esposo. Aún sigo agradecida por su paciencia y buenos consejos.
En ese momento teníamos un vocho azul de segunda mano. Herencia de su época de estudiante.
Tardé varios meses en sentirme segura al volante.
Siempre estaba atenta a los carros al frente, detrás, a los lados, a pisar el acelerador y el freno con maestría y a dominar la palanca de velocidades.

No sé con certeza porque no aprendí antes.
Mi madre lo hizo cuando tenía cinco hijos y casi cuarenta años. ¡Qué osadía!
Mi abuela jamás manejó.

Una vez que dominé la circulación en la ciudad pasaron varios años para atreverme a conducir en carretera.
Más a fuerza que de ganas tuve que hacerlo. Me aventuré con los ojos bien abiertos y el corazón a mil por hora.
De nuevo mi esposo estuvo a mi lado. Estoy doblemente agradecida por su temple y aguante.

La primera vez que tomé carretera por mi cuenta fue un momento transformador.
El paisaje era todo mío. El sol fue mi fiel copiloto. La ruta era infinita.
Nada ni nadie podía detenerme.
Amé el silencio.
También mi libertad.

Hoy voy y vengo sin miedo.
Cuando necesito compañía bajo la ventanilla para que entre el viento.
Me he perdido varias veces. También he quedado atrapada por horas. Me sorprendió la tormenta en un par de ocasiones. Pero nunca tomé la reversa como opción.

Nada como encontrar el camino correcto, reconocer el este y su contraparte y descubrir un arcoiris entre nubes.

Después de todo
la vida es un hermoso viaje azul.

4 comentarios

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Amiga! Yo también manejé un escarabajo azul las primeras veces… Mi Sofí tenía fiebre; su padre estaba fuera de la ciudad y me tenía prohibido tomar el coche porque si algún accidente pudiera suceder no teníamos modo de pagar… mi niña que tenía fiebre y eso era más importante que el miedo a su enojo; tomé ese escarabajo a las 2 am, saliendo de la farmacia no pude dar la vuelta en la calle se me apagaba una y otra vez… pero Dios en su gran amor envío a un señor
que me vio angustiada y me calmó… me ayudó a dar la vuelta y poder llevar a mi niña lo que necesitábamos.

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