Azúcar y canela

El aroma del azúcar con canela me transporta de inmediato a mi infancia. Basta ese olor para volver a la cocina de mi mamá, siempre llena de olores y sabores que me abrazan.

Con su peculiar manera de consentirnos, preparaba platillos casi personalizados, desde recetas tradicionales hasta creaciones gourmet, haciendo que lo cotidiano se volviera extraordinario. Gelatinas de figuras coloridas y pasteles con texturas sorprendentes. Cuando se horneaban, mis hermanos y yo esperábamos ansiosos el “premio” de lamer la pala con la que se mezclaban los ingredientes descubriendo así el sabor crudo, azucarado y lleno de cariño.  La canela y la manteca impregnaban el ambiente, señal de que ese día participaríamos en la elaboración de rodeos y bocoles. Me encantaba amasar la harina en forma de volcán, crear viboritas de masa y, una vez horneados, sumergirlos en azúcar con canela. También formábamos bolitas para tortillas que, mágicamente, se transformaban en dulces y dorados bocoles.

La hora de la comida siempre fue una sorpresa: arroz con frijoles, milanesas, mojarra frita, huazontles, peneques, zaragaya de atún, bistec en salsa verde, chilaquiles con huevo, puerco con verdolagas, pollo a la naranja, arroz con leche, pozole… una explosión de sabores en la que mi mamá unía la tradición colimense de mi abuela paterna con su orgullo veracruzano. Y si algún platillo no le agradaba a tu paladar juvenil, siempre podías optar por otra cosa.

Hoy, a sus ochenta y nueve años, mi mamá sigue cocinando. Ya no puede hacerlo sola, mi papá y mi hermana la ayudan a picar las verduras, a mover los sartenes… a sostener recuerdos. Sus limitaciones de salud no le permiten comer muchas cosas, y eso es algo que lamenta demasiado.

Aún así su legado vive en cada receta que yo preparo, la cochinita, el suadero, la zaragaya, bocoles con asiento de chicharrón y salsa de jitomate, los chiles en nogada en septiembre, los canelones en diciembre, el adobo que inunda la casa con ese aroma peculiar.

Mi mamá cocina con amor. Su sazón es único. Y yo, al repetir sus recetas, intento honrarla y continuar ese legado de amar a los míos mezclando ingredientes, olores, sabores. Recordando que el amor también se sirve a cucharadas.

4 comentarios

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Que hermoso Myr! que bella forma de pensar en tu mami. Ella sin darse cuenta a través de los años formó un diario culinario que cada vez que regresas a él conectas con el sabor de los platillos pero sobre todo con el amor que les trasmitía con cada receta. Que bonito que ahora tu sigues con la tradición y que ahora ella puede sentir tu amor con lo que cocinas.

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