Haz que tu cuento valga la pena

Haz que tu cuento valga la pena es el título de una canción de la novela Florecienta. Jamás vi la novela y jamás había escuchado la canción. La descubrí este fin de semana en la boda de mi hijo, cuando mi nuera tuvo el lindo gesto de bailar con su mamá esa canción.
La letra, el momento, la ternura… me tocaron el alma.

Siempre he pensado que la vida se vive según lo que nos contamos. Mucho de lo que hacemos y de lo que sentimos queda teñido por los ojos con los que miramos.
Porque si me cuento una historia de terror, entonces veré terror en todos lados.
Si me concentro en el dolor, veré dolor en cada rincón.
Y lo más importante, tenemos la capacidad de, ante los mismos hechos, cambiar la historia que nos contamos.

Podemos construir desde lo que queremos soñar, con la ilusión de que así suceda,
o dejarnos arrastrar por el desánimo, la división y esa “terriblitis” que ve problema en todo.

También puedo vivir en un delirio de persecución, convencida de que todo está en mi contra y que nada se acomoda,
o puedo elegir ponerme en el canal de construcción, donde reviso qué aporto yo, cómo miro, qué interpreto y desde dónde elijo responder.
Porque muchas veces no es la vida, sino mis lentes, los que me cuentan una tragedia.

Por eso, para mí, esta canción es casi un himno de vida,
Hacer que el cuento valga la pena.

No es solo soñar ilusamente.
Es construir.
Es elegir la actitud con la que vivo.
Es decidir en qué parte de mi historia pongo el highlighter. Qué escribo yo en la historia y qué rol interpreto.

Puedo centrarme en lo injustas que eran las hermanastras y fantasear con cómo vengarme,
o puedo bailar para alegrarme, abrir la ventana a la esperanza y confiar en que aparecerá un hada, real o simbólica, que me recuerde que merezco un vestido bello y una oportunidad nueva.

Puedo mirar lo desgraciado que era Darth Vader,
o puedo remarcar la urgencia de que las personas seamos vistas, queridas y acompañadas para no perdernos en la oscuridad.

Puedo ver al Quijote como alguien que confunde molinos con gigantes,
o puedo subrayar la grandeza de quien elige mirar el mundo con nobleza e imaginación.

Puedo leer El Principito como una historia de soledad,
o puedo marcar la dulzura que transforma, la risa que acompaña y los lazos invisibles que siguen brillando aun cuando la presencia física ya no está.

Puedo quedarme en las heridas y duelos de This Is Us,
o puedo remarcar cómo, incluso desde lo roto, las familias se reconstruyen una y otra vez.

Puedo ver las derrotas y las presiones de Ted Lasso,
o puedo resaltar su lección luminosa, la bondad también se entrena, la esperanza también se contagia y la alegría también es una forma de liderazgo.

Puedo centrarme en los faltantes, en los errores humanos, en la desgraciadez del mundo,
pero también puedo elegir buscar lo que redime, rescata, salva, construye, acompaña y sostiene.

La historia es la misma.
Lo que cambia, siempre, es dónde decido poner el highlighter.

Sé y confío que aun con todo lo propio de la vida, la historia de mi hijo y mi querida nuera será un cuento que valdrá muchísimo la pena.

8 comentarios

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Efectivamente estoy de acuerdo con tu punto de vista,sobre q cada quien escoge como enfrentar su vida,con alegría,optimismo,esperanza o con
reproches,negatividad,desconsuelo.La vida de tu hijo y nuera esta por escribirse,esperemos q sea con un gran contenido de amor,compañerismo y alegría!!

Que bello todo lo que rescatas y pudiste ver al observar con los ojos del amor a tu nuera. Es cierto, todo depende de los ojos con los que queramos ver la vida.

Guau.. Lume me hiciste buscar esa canción y escucharla; pusiste mágicamente en palabras una sensación en la que me proyectó porque justo así decido cada día intentar vivir. ♥️

Guau.. Lume me hiciste buscar esa canción y escucharla; pusiste mágicamente en palabras una sensación en la que me proyectó porque justo así decido cada día intentar vivir. ♥️

Todo lo que escribes es una gran verdad, finalmente el cerebro es un músculo y puedes entrenarlo a percibir al lado amable de la vida.

Gracias por esta maravillosa reflexión

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