El deseo es hambre

¡Justicia, Artemisa! —clamó el Bosque—, dentro de la espesura de su voracidad.
Cansado de ver cómo acusan al Hombre mientras la verdad le carcome las entrañas. 
Ese Bosque, que siempre devora a su víctima, por primera vez tiembla ante la locura del deseo.

Porque el Lobo en realidad es la Mujer, la que, tras deshacerse de su antiguo rostro, se ha reclamado a sí misma con hambre desbordada.

Exige ser deseada, perseguida, atrapada y finalmente devorada.

Ha arrojado su pena a la tierra húmeda; pisa cada hoja seca dejando atrás todo lo que la ata, lo que la limita. Su piel anhela que cada poro se vuelva una boca dispuesta a beberla, a perderse en ella, a deleitarse en su placer.

Y mientras avanza, el Bosque comprende la verdad que siempre temió: no hay criatura más feroz que una Mujer que se reconoce.

Porque donde ella pisa, nace el todo…
y quien la siga deberá decidir si huye o se entrega a su hambre.

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