Huellas que no trazo sola

El 8 de marzo siempre será para mí un día especial. Desde que tomé conciencia de lo que significa —y sobre todo de lo que no significa— dejó de ser un día cualquiera. No puede ser indiferente.

Sin embargo, cuando supe que en la programación del blog mi turno para publicar caía justo este día, me invadió cierta ansiedad. Porque aunque la esencia del 8 de marzo no ha cambiado, sí se ha transformado la manera en que lo vivo… y la manera en que me vivo como mujer.

No sabía —y mientras escribo, aún no sé del todo— cómo abordarlo ni qué decir. Así que decidí empezar como lo siento: escribir desde donde estoy y confiar en que quienes me leen sabrán comprender.

He vivido el Día de la Mujer desde muchas perspectivas. Desde la denuncia, la indignación y el coraje. Marché junto a mi hija, amigas y otras mujeres. Hice el paro nacional en 2019. También lo he habité desde el ámbito educativo, impartiendo talleres a adolescentes. Y otras veces lo he vivido en calma, porque emocionalmente suele ser un día desgastante.

Hoy decido vivirlo desde la gratitud.

Recuerdo cuando era niña y viajaba por carretera con mi familia. Si necesitábamos un baño y encontrábamos alguno —no había tantas gasolineras ni casetas como ahora— hacer pipí era toda una peripecia. Veía cómo para mi papá y mi hermano era mucho más práctico, en esos momentos deseaba ser niño.

Cuando llegó la adolescencia y las primeras experiencias con la menstruación, volví a desear ser hombre. Y más tarde, cuando comprendí que para ellos parecía más fácil encontrar trabajo y ganar un mejor sueldo, esa sensación regresó.

Pero hoy, con todo lo que implica vivir en este país siendo mujer incluso apaesar del riesgo,doy gracias infinitamente serlo.

No voy a romantizar ni los cuidados ni la maternidad. Agradezco profundamente ser madre, pero no es sencillo. Me reta no solo como mujer, sino como persona. Lloré sin parar el día que hice conciencia de que la etapa en la que más lejos estuve de mi centro fue mientras maternaba a mis hijos pequeños, aun así, no me arrepiento. No lo cambiaría.

Agradezco a las mujeres de mi vida: a mi hija, mi mamá, mis hermanas, mis abuelas, tías, mi madrina,  mis amigas. A esa tribu femenina que me ha formado y que me acompaña cada día.

Doy gracias también a todas esas mujeres que no conozco. A quienes y trabajaron por mis derechos, la equidad de género y la justicia, doy gracias por su lucha y por su vida.

Hoy camino sobre huellas que no tracé sola.

Este 8 de marzo agradezco y también abrazo mi responsabilidad, porque ahora soy yo quien deja huella.

Mi agradecimiento más sincero como madre:

A mi hija le deseo un mundo más justo que el que yo heredé.
A mi hijo le deseo la sensibilidad suficiente para sostenerlo.

Que ella nunca tenga que encogerse.
Que él nunca tenga que endurecerse.

Que ambos puedan vivir sin miedo.

Si eso se logra, aunque sea un poco,
habrá valido la pena cada marcha, cada lágrima y cada palabra.

Gracias, gracias por leerme especialmente hoy.

5 comentarios

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Gracias por ustedes en mi vida. Gracias por ti mi querida Macri gracias por su apoyo que me hacen crecer y renovarme. Te leo siempre

Ser mujer es hermoso para muchas de nosotros, ojalá lo sea para todas. Ambos hemos de encontrar maneras de acercarnos mejor. Excelente texto.

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