Tu cuerpo

Ese cuerpo que tomó forma dentro de mí, que fue uno conmigo y vivió.
Vivió, y yo vivía a través de él:
de sus aciertos y sus errores,
de sus aventuras y de su quietud.

Dime, hijo mío:
¿Quién recogió tu alma si yo sigo atada a este mundo?
¿Quién te tomó de la mano?
¿Quién te guió por los caminos de la sorpresiva muerte?

Yo fui quien acunó tus primeros miedos,
quien secó tus lágrimas cuando sentías que el mundo se desmoronaba.
Fui también recipiente de tus carcajadas y testigo de tus alegrías.

Ahora, como roca, estoica, resguardo tu cuerpo sin vida.
Observo dentro de esta caja, aterradoramente eterna, tu rostro adulto,
que aún conserva la belleza de aquel niño.
Soy una piedra arrojada al lago,
hundida en el abismo de tu pérdida.
Te imagino en la barca de Hades:
¿Tienes miedo? ¿Me necesitas?
¿Llevas contigo la moneda que te llevará al otro lado?

¡Era yo quien debía recibir tu alma al desprenderse de tu cuerpo!
Pero en cambio, sigo aquí, viviendo sin querer dar un respiro más,
rechazando el cobijo del sol,
queriendo morir de pie, frente al cuenco que contuvo, por tantos años —por tan pocos años—, tu ser.
Aullándole a las nubes que me ahoguen con sus lágrimas.

Hijo mío, la vida jugó con nosotros, revolvió las fichas, cambió el orden…
y me tocó perder.
Me tocó perderte.

Descansa, hijo mío,
que yo saldré flotando de este lago revuelto,
y ahora serás tú quien venga a mi encuentro.

6 comentarios

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Gracias por leerme, que bueno que te gustó… siento haberte hecho llorar, es fuerte perder a un hijo, gracias a dios no lo he vivido, pero muchas madres si y quise conectar con su dolor. Saludos.

Amiga, estoy impactada con este texto, lograste transmitir de una hermosa manera el dolor tan inmenso por la pérdida de un hijo. Gracias.

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