Redondear esquinas

Escuché a un chef decir que para saborear bien una comida, se necesita disposición.
Desde entonces no he dejado de pensar en eso.

Porque no se trata solo del paladar. También para escuchar una nueva idea, para probar algo que incomoda, para cambiar una rutina o mirar con buenos ojos… hace falta una mínima dosis de disposición.

Pero qué fácil se pierde. Basta asumir que algo no me gusta para que el resto de la experiencia se acomode a esa sentencia.
“Los museos me aburren.” Entonces, al entrar, todo parece confirmarlo.
“No me gusta esa comida.” Ya no solo no la pruebo: ni siquiera entro al restaurante que la ofrece.

Con el tiempo, esta resistencia puede volverse un hábito.
La queja constante, la negativa a fluir, la incomodidad ante lo desconocido, las etiquetas a una persona, se instalan como leyes de vida, sin dar oportunidad al cambio, a lo nuevo.

El aferrarse a lo mismo —a las rutinas poco creativas, a pedir siempre el mismo platillo, a ir solo a los mismos lugares, a relacionarse siempre con las mismas personas— limita las experiencias y nos vuelve cuadrados.
A veces, incluso, amargados.
Tanto, que si algo no es como se quiere, se reacciona con enojo o frustración, como si el mundo tuviera la obligación de ajustarse a las preferencias personales.
La rigidez, si no se cuida, termina por traducirse en acidez.

Las ruedas avanzan más que algo cuadrado.
Las ligas se rompen si se mantienen continuamente en tensión.
Para fluir, habrá que redondear esquinas, romper esquemas, permitir que el movimiento lleve un poco más lejos de lo conocido o deseado por mi mente. Aflojar.

Perder la disposición es totalmente válido, claro. Nadie está obligado a abrirse a todo.
Pero cuando se pierde de forma automática y constante, lo que también se pierde es la posibilidad de disfrutar.
La disposición es como la flexibilidad en el cuerpo: se logra prácticandola poco a poco.

Ahí es donde la incomodidad puede ser una aliada: nos reta y nos ayuda a crecer, nos ejercita la resiliencia y la humildad para aceptar que no se puede tener el control de todo. Nos invita a conocer nuevas personas, nuevas formas, y hace que la mente sea más elástica.

Dejar que llegue lo inesperado.
Lo distinto. Lo que ni he probado.
Lo que quizá no está hecho a mi medida, pero puede hacer que mi calculo se modifique.

¿Qué puedo ser o hacer diferente hoy para salir de esta rigidez?
¿Qué más es posible aquí que nunca haya considerado?
¿Cómo puede mejorar esto, si me permito mirarlo de otro modo?
¿Podrías mostrarme algo novedoso hoy?,
me atrevo a preguntarle al día, al viento, al universo.

Estar disponible no es solo “no estar ocupada”.
Es tener margen libre dentro.
Es no llegar con la mente cerrada, ni el juicio ya hecho.
Es poder decir: “Estoy aquí, y hay espacio para que esto me sorprenda.”

No se trata de forzar nada.
Sino de aflojar la lucha, suavizar, respirar dentro de lo que incomoda.
Reconocer las resistencias. Los prejuicios.
Porque la resistencia y falta de disposición puede doler más que aquello que se resiste.

¿A quién le pertenece esta incomodidad?
Tal vez ni siquiera sea propia.
Tal vez solo se está recogiendo, sin querer, el cansancio acumulado.
Tal vez es fidelidad a creencias, mitos y cuentos que creo reales.

Nos deseo un poco más de disponibilidad
para escuchar, para probar, para abrir espacio a lo que no controlo.
Quizá nos sorprendamos con algo bello.
Si no, habremos ganado la serenidad
y la ligereza que aparecen cuando la resistencia se esfuma.

9 comentarios

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Muy atinado, lo creo como parte de la disminución a la resistencia de lo que es o incluso de la aceptación de lo que no sucede como deseamos. Un camino para lograr el bienestar.

Muy atinado, lo creo como parte de la disminución a la resistencia de lo que es o incluso de la aceptación de lo que no sucede como deseamos. Un camino para lograr el bienestar.

Lume: excelente reflexión. Todos tenemos la mismas 24 horas para vivir el día de malas o disfrutando, sorprendiéndonos y agradeciendo. La misma experiencia vivida de manera abierta es muy diferente para dos personas. Ser feliz está en la actitud con la que vivimos día a día. ¡Y solo depende de nosotros!

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