Las pequeñas renuncias

Renuncié sin saberlo,
mientras una risa pequeña
llenaba la casa de luz.

Dejé a un lado mi sueño de viajes,
de salas de espera de aeropuertos,
las decisiones que tomaba sin mirar atrás,
la libertad de moverme sin rumbo
ni horarios.

Colgué mi título
junto al calendario escolar,
y mi tiempo dejó de ser mío
para volverse nuestro.

Hubo días en que el cansancio
pesaba como una nube espesa,
y el espejo devolvía un rostro
que no recordaba.
Pero entre los juguetes,
las risas con morusas de pan,
y los abrazos sin medida,
aprendí que no todo lo perdido
duele para siempre.

Hoy entiendo:
no renuncié,
solo sembré distinto.
Y aunque mis alas
se quedaron dobladas un tiempo,
brotaron raíces.

Y en cada raíz,
una historia,
una victoria silenciosa,
una manera de amar
que me sostiene todavía.

Y cuando miro a mis hijos
desarrollarse plenos,
seguros, sanos, felices,
siento que todo valió la pena.
Nada de lo que dejé atrás
se compara con la alegría
de verlos volar.

11 comentarios

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Que hermosa reflexión Macri. Tal cual nos pasa.
Y ahora es lindo verte con hermosas alas volando distinto; con más fuerza y más determinación.

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