En el bosque de encinos y pirules el viento mece las ramas sin reparo.
La luz juega con él y pinta destellos entre el follaje.
Me desoriento.
No sé que sendero es correcto.
¿El de hojas secas con árboles desnudos?
¿El laberinto de piedra con caprichos circulares?
¿O el de tierra mojada donde se hunden mis pies?
Lo único cierto es que no hay camino recto, ni seguro.
Guardo silencio, trato de escuchar alguna señal esperanzadora.
Confío en mi anhelo de encontrar una salida porque tengo hambre, tengo frío y miedo.
A lo lejos un murmullo de agua hace eco a mi deseo.
El bosque se compadece y me guía al manantial donde ahogo mi sed de amor.
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