Érase una laguna de sal, habitada por una gran bandada. Había garzas, patos y gaviotas …
Pero la reina del humedal era el flamenco con su abrigo carmesí.
Una luciérnaga envidiaba su peculiar aspecto:
-¡Qué largo cuello!
-¡Qué patas más esbeltas!
-¡Muy distinguido su pico encorvado!
-¡Tan alta!
¡Qué elegante caminar!
¡Quién fuera tan espectacular!
-En cambio yo,
pobre de mí.
Con mi aburrido traje marrón.
Tan pequeñita.
Con un par de alas invisibles y un cuerpo blando y aplanado que brilla sin sosiego. Con luz propia, siempre confundiéndome con las estrellas.
1 comentario
Añade el tuyo →A veces no vemos nuestra propia luz por estar deslumbrados por los demás. Excelente fábula Adry.