La extrañeza del tiempo materno

Ayer vi una película en donde una madre con demencia senil pide a sus tres hijas que la ayuden a morir, las cuatro mujeres emprenden un viaje por el estado de Baja California en donde en los momentos en los que la mente de la madre divaga creyendo que es joven y que está de viaje con sus amigas muestra ante sus hijas una versión de ella totalmente desconocida. De ser una madre crítica, estricta y poco expresiva pasa a manifestarse como una mujer divertida, libre y alegre, en estos momentos las hijas comienzan a descubrir cómo era su madre antes de tenerlas, incluso antes de conocer a su padre. La madre descubre ante ellas sus memorias en donde entienden también como era la relación de sus padres.

No conozco mucho del pasado de mi madre y aunque trato de ser abierta con mis hijos relatándoles historias de mi infancia, mi vida familiar, mi juventud y que a pesar de que hay testigos visuales como las fotografías tampoco conocen mucho de mi historia antes de ellos.

Cuando mis hijos nacieron, había vivido años de experiencias. No soy  una hoja en blanco, ni alguien que empezó de cero en el mismo instante en que llegaron al mundo. Soy una mujer con recuerdos, amores, pérdidas, ideas propias, sueños cumplidos y frustraciones acumuladas. Lo curioso es que, para ellos, parezco existir solo desde el momento en que me conocieron. Todo lo anterior, todo lo que fui sin ellos, queda en una especie de niebla difusa.

La maternidad suele presentarse como un nuevo comienzo, pero en realidad es una continuación. No deje de ser quien era por convertirme en madre, mi identidad no desapareció, se transformó. La paradoja es que, para mis hijos al menos cuando fueron pequeños, les costaba trabajo pensarme como niña, como adolescente enamorada, o incluso siendo adulta llena de miedos y dudas. Ambos me conocieron ya en mi rol de madre, con el peso de la experiencia sobre los hombros, con cicatrices invisibles que no forman parte de la historia compartida.

Esto genera un desajuste curioso en la percepción del tiempo. Como madre puedo recordar con nitidez los días previos a la existencia de mis hijos: las decisiones que me llevaron hasta ahí, las noches en que todavía no imaginaba mi futuro con un bebé en brazos. Para mis niños, esa versión de su madre era imposible de concebir. La idea de que su madre tuvo una vida sin ellos pudo parecerles incluso absurda o inquietante.

A medida que crecieron, tomaron conciencia de este desfase. En algún punto de la infancia o la adolescencia, surgió la pregunta: “¿Cómo era mi mamá antes de mí?” Y con esa pregunta, aparece el desconcierto. Mamá no es solo mamá, es también mujer, persona, ser independiente. Descubrir esto puede ser perturbador o revelador. De pronto, hay una historia que se escapa de la narrativa conocida, un capítulo previo que no formaba parte del cuento.

La extrañeza de este fenómeno radica en que la relación madre-hijo es profundamente íntima, también misteriosa. Mis hijos nunca podrán conocer del todo a la mujer que fui  antes de que ellos nacieran. Por mi parte, cargo con la memoria de los años en que mis hijos no existían, con la sensación de que mi vida tiene un “antes” que nunca podré compartir del todo con ellos.

Es un desfase inevitable y al mismo tiempo, hermoso. Porque en ese misterio reside también la posibilidad del asombro: mis hijos pueden descubrir a su madre como persona, más allá de mi rol materno, y yo  puedo ver en ellos a alguien que transformó mi tiempo sin borrar lo que yo era. La maternidad no anula el pasado, lo resignifica. Y ahí radica su rareza: es un vínculo que nace en un instante concreto, que carga con los ecos de una historia previa que, para mis hijos, siempre será un enigma.

5 comentarios

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Muy cierto amiga, Cuando nacieron, ellos llegaron a la vida y nosotras soltamos una para empezar a construir otra juntos.
Me encanta que rescatas lo bello que es también tener algo muy íntimo y desconocido.

Pusiste en palabras algo que siempre he pensado. Ser madre nos transforma y se convierte en un parteaguas de la vida. Excelente texto, Macri!

Hermoso y acertado Macrina, mi hija y yo hemos disfrutado momentos viendo fotos de mi adolescencia y juventud y sí, ella se sorprende y sensibiliza, me ve como su igual y nos une, se interesa en mi vida y hace preguntas y me recuerda q tuve una juventud divertida y q debo seguir tras mis sueños, después todo vuelve a la normalidad.

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