Con nombre, con sueños

¿Te han llamado alguna vez por algo que no eres?

Durante años, el clasismo se presentó en mi vida con rostro amable y voz cotidiana. No llevaba gritos ni maltratos evidentes; se disfrazaba de costumbre, de rutina, de frases que parecían inofensivas… hasta que un día, me dolieron.

Cuando la señora Catalina estaba con otras personas, se refería a mí como “mi muchacha”. Yo ya estaba acostumbrada a escucharla y por mucho tiempo, me pareció normal que usara ese término. Pero cada vez que lo decía, algo se apretaba en mi estómago: una punzada de coraje y tristeza.

Me pagaba un sueldo que no era mucho. Nunca me dio seguro social, aunque se lo pedí varias veces. En ocasiones me regalaba la ropa y los zapatos que ya no les gustaban o no les quedaban, me daba las sobras de la comida. Pero nada de eso —ni su caridad, ni el salario— le daba derecho a decir “mi muchacha” como si yo fuera suya, como si no tuviera nombre, como si no importara quién era yo fuera de su casa.

Trabajé con ella durante treinta años. Limpié, lavé, planché, cociné. Cuidé a sus hijos como si fueran míos. Me llamaban Mily, con cariño. Jugábamos, reíamos, los consolaba cuando estaban tristes. Pero algo se rompía cuando crecían. A medida que llegaban a la adolescencia, se volvían más lejanos. Me seguían diciendo Mily, pero ya no había esa confianza de antes. Algo invisible —una línea social— se interponía entre ellos y yo.

A los cuarenta años decidí terminar la secundaria. Después estudié la prepa en turno nocturno. Recuerdo que le pedí permiso a la señora Catalina para asistir a mi graduación. Me miró incrédula y dijo:

—¿Y ahora tú de dónde me saliste inteligente?

Su comentario me sorprendió y me dolió. ¿Por qué no habría de ser inteligente? ¿Porque trabajaba en su casa? ¿Porque había nacido en un rancho? ¿Porque llevaba un uniforme? ¿Acaso eso me quitaba la capacidad de pensar, de aprender, de aspirar a algo más?

Ese día entendí, con toda claridad, que yo no era su muchacha.

Era y soy Mily. Con nombre. Con historia. Con sueños. Con dignidad.

3 comentarios

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Me encantó la voz de Mily. Tema importante de visibilizar. Gracias por ponerlo tan claro que es difícil no relacionarse con la historia.

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