La foto

Pocas veces tomamos fotos de los malos momentos, de esos tristes instantes donde el alma se aprieta, las lágrimas cristalizan los ojos y el corazón se nubla por un instante. 

Ese día pensábamos tomar fotos, celebrar y brincar de la emoción pero las circunstancias fueron otras. Sabíamos que el pase a la final estaba complicado porque los contrincantes eran buenos jugadores, aún así confiábamos en que Sebastián y su pareja estaban preparados para un partido reñido. Los cuatro padelistas lo dieron todo; fue un partido emocionante, pude ver a mi hijo sacar la casta, entregarse al reto, controlar los nervios y la cabeza. Pero los puntos son los que cuentan y por una diferencia mínima los contrincantes ganaron. 

No hay nada peor que ver en los ojos de  tu hijo de diecisiete años la sombra de la derrota. Esa sensación que acaba por un momento  con todo en lo que ha trabajado y entrenado. En ese instante no hay palabras correctas porque ya no es un niño al cual se pueda consolar fácilmente, ya es un joven que el sabor de perder le dice que lo que hizo no fue suficiente, aunque no sea cierto, es real por un rato. Las dudas aparecen como duendes haciendo su danza al rededor del espectro de la inseguridad, y ante tal despliegue uno se queda como simple espectador. Solo él, con el paso de las horas logrará acomodar sus emociones y acallar las sombras que lo acorralan. 

Mientras, yo me sumí en mi propia tristeza, me dolió saber que sufría. Quisiera darle todas las medallas, triunfos y trofeos porque para mí su mera existencia es suficiente, pero claro, habla la mamá. Mi parte racional sabe que esto, entre tantas cosas más, son parte de vivir. Exprimir la vida, a veces, es hacerlo sin protección, es sentir cada una de nuestras consecuencias en carne viva porque de ahí nacen las herramientas para mejorar, crecer y aprender. 

Sebastián se acercó a mí. No supe qué decir, no pude hablar, cualquier cosa sonaba a polvo así que solo lo abracé. En ese momento solo quería acurrucarlo como cuando era bebé y protegerlo en mi regazo; que mi cuerpo fuera su escudo. Pero esos tiempos ya pasaron, ya sabe que mis besos no curan sus heridas y menos las del alma. También sabe que mis palabras están sesgadas por el amor que le tengo. Así que ya no me deja protegerlo, él mismo prefiere reconfortarse, pero ese día, sin que yo moviera un dedo, mi hijo se refugió en mis brazos y lloró. Lo dejé que en silencio, con sollozos casi imperceptibles, se desahogar. 

Fue un momento muy especial para mí, no quería que la burbuja que nos envolvía se esfumara. Quienes tienen hijos de esta edad entenderán lo frágil y hermoso de estos instantes donde una brisa leve puede desbaratarlos. Aún así, siempre estamos disponibles a la espera de que sucedan. 

A la media hora Sebastián ya estaba peloteando y riendo con los amigos. Mi corazón se acomodó en su lugar y la rutina siguió su rumbo. Un torneo más que terminaba con mucho que rescatar, mucho que celebrar, porque toda la preparación, compromiso y sacrificios que hay detrás solo los que estamos cerca de él los conocemos bien. 

Ese día no tomamos fotos, pero algunas veces tenemos la suerte de que alguien con ojo sensible y empático nos mire y capture esa burbuja que contiene un universo.  Gracias a Laura tengo inmortalizado el momento donde mi Sebastián encontró, entre su pecho y el mío, un espacio para derrumbarse y sentir su vulnerabilidad. 

Esos pequeños lapsos de tiempo no “instagrameables”, poco fotografiados, a veces son los que más se nos quedan. Son de los que debería de estar llena nuestra galería para regresar a ellos siempre que las ganas de volver a esa burbuja toquen a la puerta. 

17 comentarios

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Wow amor , me hiciste llorar porque me regresé a cuando ustedes eran adolescentes y volví a vivir esa sensación de impotencia, te entendí tan bien que lloré junto con ustedes nuevamente

ay mamita bella, te amo y hay veces que uno no sabe cómo estar, pero lo importante es que ahí estamos.

Que difícil es acompañar en los tropiezos, no siempre actuamos de la forma más adecuada; pero estoy convencida que estar ahí, hace la diferencia. Gracias por ponerle palabras hermosas esos momentos de reto.

Amor gracias por compartir
A mi tambien se me rosaron mis ojos con lagtimas, por los recuerdos, cuando abrazaba a mis hijos tratando de protegerlos y consolandolos, sin palabras, porque muchas veces no hay nada que decir, solo el abrazo dice todo

Que bonito escrito amiga! Así es la vida de mamá, como decía mi suegra ve, calla y escucha, estar para cuando te necesiten y como dices solo con ese abrazo le dijiste todo lo que necesitaba en ese momento

Me encantó amiga, hace poco leí algo que me hizo sentido a los sentimientos que describes en tu texto: it’s never just about the sport. It’s about watching someone you love fight, grow, fail, believe, and rise again — one point at a time.

Hermoso escrito, tu forma de describirlo… nos pones con los sentimientos a flor de piel. Él sabe que siempre estás para él y, aunque tus besos ya no curan las heridas, si las suavizan, las aligeran; aunque no le puedes dar el premio y todas las medallas del mundo, puedes abrazar su alma y confirmarle que lo que ha hecho es maravilloso y suficiente. Te amo Herma! Y a mí Sebastián, también

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