Amarnos no basta

—¿Por qué escondes eso que sé que bulle en ti? ¿Por qué tratas de encajar, de adaptarte al molde, de esforzarte de más para que te vea?

—¡No sé! No es que quiera encajar… es que…

—¿Es que qué? ¡Siempre te dejas a un lado! ¿Qué no te das cuenta?

—¡Claro que me doy cuenta! ¿De verdad te interesa tanto saber por qué me comporto así? ¡PUES PORQUE ES MI MADRE! ¡Quiero que mi madre me vea! Quiero que sepa quién soy, que me descubra más allá de sus expectativas, que nunca voy a cumplir.

—No llores, bella, perdón… perdóname. No era mi intención ponerte así, pero cuando estás con ella cambias, eres otra, no te reconozco.

—Discúlpame tú a mí, sé que soy incongruente, no quiero que dudes de lo que siento por ti. Dame tiempo.

—¿Cuánto más? Llevamos un año juntas.

—Cuando intento decirle que no eres mi amiga sino mi novia, se me atoran las palabras y no encuentro forma de poder hablar con claridad.

—Estoy segura de que si abres esa puerta, tu mamá, con el tiempo, aprenderá a amar a esa Clara salvaje y valiente que yo conozco.

—No creo. Tampoco creo ser tan valiente como dices. A veces siento que esa puerta está cerrada a cal y canto, pero por favor no te vayas de mi lado, eres lo único que tiene sentido en mi vida.

—Te amo, Clara, y lo sabes porque te lo he demostrado. Pero ¿Cuánto tiempo más crees que merezca esperar?

—Me quiebro… pero tienes razón. No puedo exigirte más de lo que has dado, pero te amo. Te amo salvajemente, te amo con cada poro, te amo para vivir.

—No me digas eso… no puedes amarme para vivir, mejor vive para amarme. Vive para ser libre, para ser plena, para encontrarte. Vive para darte a ti misma la aceptación que buscas en los demás. Si te equivocas, porque todos nos equivocamos, por lo menos sabrás que esos errores son tuyos. Clara, elige tu camino sin pensar en nadie más. Mientras, yo tengo que pensar en el mío antes de que me pierda a mí misma en tu remolino.

—¡No, Zoé! No olvides que prometiste amarme. Recuerda que juntas somos la historia infinita dentro de una canción… por favor.

Zoé tomó la cara de su amada y, sin romper ese silencio definitivo que las cubría, le dio un beso húmedo que selló sus bocas y materializó la inevitable despedida.

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Cuando tú esencias se esfuma y se mimetiza como un reflejo de a quien quieres complacer, con el único afán de ser aceptado o querido.

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