Mr. Parkinson

Mr. Parkinson,

Me atrevo a escribirle por primera vez en treinta años.

No sé si usted me ubique pero yo a usted sí, porque su morada es el cuerpo de mi padre. Aunque he vivido haciendo como que no lo veo, fingiendo que su desmesurada presencia logra esconderse tras la cortina, soy consciente de que se instaló en su cerebro cerrando, de a poco, los grifos de la dopamina y de la serotonina. Se alimenta de su fuerza, de sus facultades, de su movilidad, pero sobre todo de su estabilidad emocional. Es usted un ser ruin, malvado, frío y egoísta, habita un espacio como parásito sin interesarse en saber si es bienvenido o no.

Está acostumbrado a que la mayoría de sus anfitriones se dan por vencidos y desalojan su cuerpo ante su inminente y tortuosa presencia, pero ya se dio cuenta usted que no todos son iguales. Mi papá es el adversario más valiente y aguerrido que ha enfrentado. Lo sé, en los siglos de su deambular en busca de huéspedes es la primera vez que encuentra uno a la altura de su poder.

Se ha de sentir muy orgulloso de todo lo que le ha despojado, pero créame cuando le digo que, aunque ya no baila como antes, sigue moviéndose al ritmo de la música que escucha. Aunque le arrancó el pudor y la dignidad para bañarse, aún hace el esfuerzo para encontrar un poco de autonomía. A pesar de no poder generar dinero y sentirse productivo, aprendió computación y sobre monedas electrónicas, lo cual le regaló un mundo donde desenvolverse.

No crea que soy ingenua, se que la guerra la va a ganar usted pero las batallas diarias son triunfos de entereza y amor por la vida, porque si hay alguien que ama vivir es mi papá. Usted le cortó sus alas, él volaba como águila, libre y sin cadenas. Usted lo obligó a dejar de recorrer las carreteras en su tráiler —esa era su pasión— y aun hoy es lo que le hace brillar los ojos. Recuerda sus aventuras y cita, con precisión de cartógrafo, cada pueblo, cada desviación y cada ciudad de la república mexicana. A pesar de ser obligado a dejar todo eso atrás, hoy tiene la sensibilidad para apreciar la belleza de un atardecer o el brillo de la luna.

¿Sabe cuál es su mayor triunfo sobre usted? Que aprendió a convivir en familia. Sin usted, nunca hubiera frenado para estar en casa y darse cuenta del valor de los suyos; de la importancia de pertenecer, de respetar el hogar y de vivir haciendo equipo. Esto, aunque me cueste, se lo agradezco. Sus cadenas me han enseñado a conocer a mi papá, a reírme con él, porque vaya que tiene sus puntadas; a poderlo cuidar y a tratar de entender su manera de ver el mundo. Su mirada es tan distinta a la mía que me cuesta, pero aun así agradezco poder tener esta oportunidad. No busco darle todos los créditos, no se sienta halagado, solo quiero reconocer lo poco bueno que nos ha dado. Pero si tuviera que renunciar a todo eso para verlo sano y en bienestar, lo haría mil veces.

Es usted la peor calaña de enfermedad. Verlo consumirse sin poder hacer nada es la mayor y más despiadada crueldad. Usted no solo ataca al enfermo, sino a todos los que lo amamos, y eso no tiene nombre.

Yo le pregunto ¿Por qué no se instala en seres humanos verdaderamente despiadados? Mi padre es un hombre bueno, su corazón siempre ha sido amable. Sí cometió errores, y muchos; lastimó gente que no se lo merecía y, en disyuntivas éticas y morales, puede ser que no siempre haya escogido la opción más acertada. Pero ¿Quién se salva de estos errores? Mi papá ha sembrado más el bien que el mal en su caminar por el mundo, siente compasión por el desfavorecido y, aunque pareciera que usted lo tiene a ciegas por el dolor, tiene la sensibilidad de empatizar con el que sufre. En cambio, hay muchos otros a quienes les gusta ver la miseria en la gente. ¿Por qué no va a esas habitaciones mentales que son más compatibles con usted? Su tortuosa esencia en esos seres no sería tan injusta. Al escribir esto, recuerdo a mi papá diciendo: “Esta enfermedad no se la deseo ni a mi peor enemigo ni al peor ser humano”. Así que ¿Quién soy yo para pedir, desde mi dolor, que lastime a otros?

Lloro por el sufrimiento que vive mi papá a diario, sin un día de paz. Lloro porque la rigidez oxida cada vez más sus coyunturas. Lloro por una vida suspendida, sin nuevas aventuras que contar.

Lloro porque me robó muy pronto a mi padre y, a cambio, me dio a un niño al cual hay que proteger. Lloro porque su mente está tan lúcida que es consciente de cada uno de los tormentos a los que usted somete su cuerpo. Ojalá que esa lucidez le permita reconocer, en la mirada de quienes lo amamos, el amor incondicional que sentimos por él.

Lloro, pero también agradezco.

Agradezco que soy fuerte para sostenerlo ahora que usted se aferra a imantarlo al piso, de cabeza a pies. Agradezco poder ofrecerle un hogar donde aterrizar ahora que está sembrado como árbol a la tierra.

Agradezco tantas bendiciones que hacen que esta realidad sea más liviana.

Pero es inevitable no llorar por aquel deportista que era ¡Le arrebató su bicicleta, su musculatura y su vanidad! ¿Qué le dejó a cambio? Una silla de ruedas y la necesidad de que alguien más la mueva.

Lloro y sigo llorando por el hombre al que despojó de todo aquello que lo definía, su personalidad, su ceja levantada, su mirada penetrante. Pero agradezco que, de a poco, ha sabido recoger sus pedazos y despedirse del hombre que fue.

Así que, Mr. Parkinson —como lo nombra mi papá—, quédese para que sea testigo de que la vida de un hombre, por más complicada, dolorosa y mermada que sea, puede ser excepcional si se vive con la mirada correcta. Porque ni la rigidez, ni el temblor, ni la oscuridad pueden contra un corazón que insiste en latir. Siga usted instalado como huésped eterno, no puedo expulsarlo, pero sí puedo nombrarlo, enfrentarlo y ponerlo en su lugar. Porque aunque haya cambiado el cuerpo de mi papá, no logró tocar su esencia, mi papá sigue aquí, y mientras él esté, ninguna de sus sombras podrá apagar nuestra luz.

30 comentarios

Añade el tuyo →

Hermoso Denise, transformaste coraje e impotencia hacia una enfermedad en literatura. Te admiro como escritora pero sobre todo como hija porque solo percibo amor e inmensa paciencia en tus palabras.

Mi suegro tuvo la enfermedad y sé q dista mucho de ser fácil el día a día.

Solo te puedo decir gracias por estar en mi vida, te amo , y honro todas y cada una de tus palabras .
Y como testigo que soy, lo describiste tal cual es. Te amo tu tía Malena

Te amo. Sin ti todo esto sería mucho más difícil. Gracias por querer a mi papá y por ayudarme y apoyarme en todo lo que necesito con él. Gracias por tu disposición de compartir el hogar con él, gracias por buscar la manera en que esté más cómodo, gracias por insistir en que se vea bien vestido jeje!! Gracias por preocuparte y por ocuparte. Gracias por no ser ajeno a mi dolor pero sobre todo gracias por conmoverte con él. TE AMO

No paro de llorar…. Tan fuerte porque es cierto, cada palabra que escribes expresa lo que él ha vivido y los que lo amamos sentimos… Gracias herma por esta reflexión tan profunda que tocó un dolor en mi alma que no había querido voltear a ver. Amo y admiro a mi papá al igual que a ti!

Gracias a ti herma, se que es duro ver las cosas tal cual son, te entiendo porque me pasa igual. Gracias por sin tu apoyo sin la armonía que tenemos esto sería mucho más duro para todos.

Hermoso, cruel y real escrito, con una reflexión tan profunda, que hace estremecer hasta lo más profundo del alma.
El parkinson, de las enfermedades más crueles y difíciles de llevar.
Mi admiración y respeto.

Amiga mía.. me hiciste llorar… sé lo que el Párkinson ha significado para ti y los tuyos y admiro tanto como lo enfrentan… con tanto amor y aceptación… una vez más logras poner en palabras un dolor inmenso pero al mismo tiempo una historia de amor y reconciliación…. Te quiero y admiro amiga

Gracias amiga mía, yo sé que me entiendes y gracias por siempre demostrarle cariño y empatía a mi papá. Te adoro.

Den! Es excepcional la manera en que logras transmitir con tu escritura sentimientos y momentos que al leer pareciera que uno los está viviendo… las admiro tanto por esa unión y fuerza que han creado para enfrentar a “Mr Párkinson” un beso grande

Denis amiga que hermoso, me dejas con el corazón lleno de sentimientos y gracias por escribir esta realidad que nos toca vivir con nuestros seres que mas amamos, hay diferentes nombres pero duelen igual y mucho.

Amiga!! Así es, gracias por sentir junto conmigo. Se que vives algo similar y que tu corazón sufre. Te abrazo y te quiero mucho.

Es tan cierto lo que escribes.
Gracias a dios tiene dos hijas que lo quieren y unos yernos excepcionales que apoyan a sus esposas en todo momento.

Ay Denise me hiciste llorar, terrible enfermedad pero ustedes la han sabido sobrellevar y sacarle provecho a lo poco bueno que les deja, como lo dices en tu escrito.
Te abrazo fuerte y grande, te admiro por cómo escribes y más por el ser humano bello que eres!
Y un abrazo grande a tu papá, que sin duda su actitud le ayuda a manejar esta enfermedad lo mejor posible.

Amigaaaa! Y tu me haces llorar con tus palabras llenas de cariño. Te quiero muchísimo y gracias por tu empatía y compasión por mi papá, sin duda su actitud es la clave para que esto sea lo más llevadero posible. Te mando besos.

Me has roto el corazón, que bella forma de darle fortaleza a tu padre que Dios siga dándoles unión familiar para apoyarlo hasta el último de sus días .

Responder a Claudia V Cancelar la respuesta