Una mañana de verano, a la orilla del río, Camilo el camaleón pasaba por su tercera transformación de color, del azul al verde. Siempre estaba muy orgulloso de su talento y no dudaba en presumirlo a todos los animales.
—Dime, amigo —le preguntó a Pedro el tucán—, ¿tú puedes cambiar de color?
Pedro respondió:
—No, Camilo, pero tengo un pico muy grande y mi plumaje negro.
Camilo se burló de él diciendo que el negro era el color más aburrido.
Esa mañana, también vio a Felicia la flamenco, quien acomodaba su hermoso plumaje rosa.
—Dime, Felicia, ¿tú puedes cambiar de color? —preguntó Camilo.
—No, Camilo —respondió ella.
—Entonces, ¿qué talento tienes? —insistió.
—Tengo unas patas muy largas —contestó Felicia.
—¿Y para qué te sirven esas flacuras? —se burló Camilo.
Felicia, algo apenada, no supo qué responder en ese momento.
Camilo se alejó diciendo que de toda la orilla del río él era el único con verdadero talento.
Por la tarde, las nubes comenzaron a acumularse en el cielo. Los relámpagos y truenos anunciaban una gran tormenta. Grandes gotas de agua empezaron a caer y los animales buscaron refugio, a excepción de los flamencos, que permanecieron a la orilla del río.
El río comenzó a crecer rápidamente. Los flamencos no sentían miedo, pues sus largas patas los mantenían firmes y seguros.
Felicia, que se estaba arrullando con el sonido de la lluvia, escuchó de pronto un grito:
—¡Ayuda! ¡Socorro!
Al abrir los ojos vio a Camilo a punto de ahogarse, arrastrado por la corriente.
Felicia se acercó con dificultad, pero como el agua no cubría sus largas patas, logró mantenerse en pie.
—¡Agárrate de mi pata! —le gritó.
Camilo, desesperado, se sujetó con fuerza. Poco a poco Felicia logró sacarlo del agua hasta ponerlo a salvo bajo un árbol.
Cuando la tormenta pasó, Camilo lleno de agradecimiento le dijo:
—Felicia, ¿por qué me salvaste si yo me burlé de ti?
Ella sonrió y respondió:
—Porque cuando te vi en peligro entendí que mis patas largas me daban la fuerza para ayudarte. Todos tenemos un talento, solo que es distinto.
Y añadió:
—Todos tenemos un valor especial. El mío es poder rescatar a mis amigos cuando lo necesitan.
Camilo bajó la cabeza, avergonzado, y aprendió que no existe un talento mejor que otro, sino habilidades diferentes que nos hacen únicos.

1 comentario
Añade el tuyo →Asi es Macri hermosa. Reconocer nuestros talentos y los de otros. Sin sentirnos los mas importantes. Todos encontramos y vamos buscando por la vida nuestros talentos